Frase

  • He visto las cosas enviadas al rey desde la nueva tierra del sol. En todos los días de mi vida, no he visto nada que regocije mi corazón tanto como estas cosas, pues en ellas vi obras de arte, que me hicieron asombrarme ante el sutil ingenio de los pueblos de esas tierras extrañas.

     

    Alberto Durero, 1520

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Psicoanálisis, ontologia y estética. Suplemento 40

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Edgar León

 

 

Dadas las características, no tradicionales para nuestro medio, del análisis de Jaime Barrios Peña en torno a figuras descollantes de la cultural occidental, el Suplemento Cultural presenta la reseña del libro La función paterna en el acto creador -hacia una estética de la nada, y pone a la disposición de sus lectores, para consultas y lecturas, el libro recibido.

Publicado por la Editorial Fénix y auspiciado por el Consejo de Cultura del Estado de Suecia, recibimos el más reciente trabajo del escritor guatemalteco residente en Estocolmo, Jaime Barrios Peña, titulado La función paterna en el acto creador -hacia una estética de la nada. Se trata de un extenso estudio sobre el papel que juega la figura paterna en el discurso de grandes figuras de la literatura y la plástica europeas.

Afirma en la Introducción que, siguiendo la tradición de S. Freud en todo su trabajo doctrinario, Jacques Lacan en ningún momento hizo “psicoanálisis de la cultura”, cuidándose de caer en un reduccionismo dogmático. Como Freud, se mantuvo en las coincidencias de la práctica analítica con los acontecimientos biográficos y las doctrinas filosóficas en sus conceptuaciones más profundas.

Aboga por una Estética que rebase los esquemas o formas rígidas de clasificación y se pronuncia por la ubicación del estilo como sello propio y peculiar del ser humano en su acto creador. Sólo entonces, afirma, la Estética cumple con su cometido, conjugándose con la búsqueda de la verdad particular. Para el efecto propone una interpretación interdisciplinaria entre psicoanálisis, ontología y estética.

En principio, aborda el tema de la historicidad  del ser humano y su mutación cultural, metodología que utilizó en su libro anterior: El arte mestizo en América Latina. Con la idea de que toda cosa adolesce de algo que le falta, sigue para el efecto el pensamiento de Hegel y Lacan. Una amplia intelección sobre base dialéctica abarca los primeros capítulos sobre los siguientes temas: la polaridad interior-exterior, constitución del objeto y realización del sujeto, la identificación paterna y el orden simbólico. Culmina la parte teórica con los temas de la identificación y el sentido de la filiación.

Un detenido y original estudio de James Joyce conduce a un replanteamiento de anteriores trabajos, sobre todo con el significante primordial lacaniano, nombre-del-padre y sus reelaboraciones y suplencias. En relación con el discurso joyceano, Barrios Peña desarrolla dos títulos especiales sobre el Edipo negativo en Hamiet y en el Talmud.

El capítulo sobre Hölderlin se refiere ampliamente al libro de Jean Laplanche e introduce al mundo psicótico y sus profundas interrogantes.

Franz Kafka, alrededor de los signos, es un ejemplo típico del padre inaccesible y agresivo que presiona la soledad que abruma, acosa y sitúa al personaje en una deficiente humanización de su deseo abandonándolo en un destino de clandestinidad.

Van Gogh es el producto de un filicidio indirecto y el color deslumbrante y los efectos de vibración de su pintura, conducen al espectador a la captación de lo que fue una luz compensadora en la lenta agonía del artista.

El capítulo sobre Marcel Proust, la búsqueda del límite en el tiempo caracteriza la extensa obra de este escritor. El tiempo se transforma y pasa a ser una posición subjetiva del sujeto en la sucesión del deseo. El tiempo ontológico en Proust es doloroso, pues le conduce a su límite definitivo y le hace sentirse dividido en su intimidad; entre sus fantasmas y la realidad convencional. Dice Barrios Peña que para Proust el amor termina con la dependencia hacia el objeto; ama porque en el fondo necesita ser amado y hace del amor Uno. Determinación de que el sujeto sólo se ama a sí mismo.

August Strindberg manifiesta en sus obras una constante lucha de sexos dentro del juego existencial. A veces por un padre descolocado o una madre devoradora y competitiva. La dramaturgia de Strindberg se ubica dentro de su naturalismo, en una dimensión intimista que se adelantó a las nuevas concepciones del teatro que penetra en áreas ontológicas y a la realidad virtual del ser humano.

La parte culminante de esta obra se concreta en una audaz propuesta sobre el acto creador y la subversión de la realidad que fundamenta una nueva Estética de la Nada.

Se completa el texto con una disgresión sobre el sujeto en Descartes, Hegel y Sartre y un especial glosario estructural al final.

 

Edgar León

 

 

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