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Reflexiones sobre el grabado de Adrián Arguedas (*). Efraím Hernández. Suplemento 44

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Adrián Arguedas se ha labrado -en el curso de unos años- gracias a su tesonera labor y a la renovación periódica de sus recursos expresivos y temática, un prestigio y un respeto como artista importante en el campo del grabado.

Se dio a conocer profesionalmente en la xilografía, exhibiendo un dominio técnico y un interés por una visión crítica de sí mismo y de su entorno.

Lo religioso y lo popular se amalgamaron en imágenes que proyectaron el carnaval social, dominado por los desacralizadores compases de la máscara, elemento crucial de su iconografía por ser vehículo expresivo de la teatralidad absurda de las instituciones sociales.

Arguedas cuestiona con mordaz ironía y sorna para esclarecer los fundamentos de su dimensión social y de su existencia individual.

Desde este momento se establece un balance entre recursos técnicos, expresividad y discurso que se mantendrá a lo largo de su desarrollo como artista de la gráfica.

El uso de imágenes provenientes de la fotografía y otros medios, junto con las estrategias de la “resemantización” son aspectos que se inician en esta etapa y que se mantendrán a través del tiempo hasta el presente.

Arguedas se convierte en un digno continuador de la tradición del grabado nacional y sigue los pasos de las grandes figuras como Francisco Amighetti a quien admira fervientemente.

La dualidad de lo humano presentada con fuerza y ácida decisión contrasta con otros trabajos realizados en la misma época en los que descubrimos las imágenes de ancianos, apacibles y bonachones, vestigios de un “ethos” que se diluye en el pasado y que el artista se plantea casi como un acto de nostalgia. Angela y Ortiz, grabado de 1989, es un buen ejemplo de esta producción alternativa del grabador Arguedas.

La quietud de las obras realizadas dentro de esta especie de paréntesis del autor volverá en el futuro a aparecer en su producción dentro del campo de la pintura; esta vez como la añoranza de un pasado que se contrapone a imágenes actuales en espacios pictóricos en los que el tiempo parece haberse detenido.

En 1992, Arguedas presenta al público una exhibición ilustrada titulada Imágenes Memorables que le permitió mostrar un manejo más complejo de la técnica y una ampliación de sus ideas artísticas. Arguedas asume una posición más cosmopolita que uniendo lo social, lo político y lo ético adquiere una dimensión más ambiciosa. Esta vez, en un acto de apropiación, el artista se abastece de los almacenes de la historia del arte de los que toma las imágenes que le permitirán articular una nueva propuesta de discurso.

Hablamos ahora del enfrentamiento entre valores seculares de la cultura occidental, representados en sus grabados por obras del contexto grecolatino -ideales clásicos de belleza artística- y las grotescas imágenes de filiación goyesca que junto con personajes tomados de las fotografías de las páginas periodísticas e imágenes relacionadas con la iconografía cristiana, constituyen la negación de los ideales de Occidente.

Esta obra posee una notable unidad técnico-conceptual que revela a Arguedas como uno de los grabadores más poderosos del medio. Los formatos de gran tamaño, la dimensión simbólica de la luz y las yuxtaposiciones de la composición promulgan esa coherencia total de elementos expresivos.

Un año después en 1993, el Museo de Arte Costarricense exhibe una colección de dibujos titulada Descendimientos en la que Arguedas prueba la calidad de su trabajo en un nuevo medio técnico. Paralela a esta producción de dibujo, nace en el grabado al agua fuerte una serie de obras con la misma idea del Ernesto “Che” Guevara como mártir que condensa lo cristológico con lo profano en una síntesis que crea una especie de santo laico a través de la imagen simbólica de la lucha por la justicia corporeizada por la figura histórico-mitológica del Che.

Luego de su regreso de Francia, después de un período de estudios de varios meses en una escuela de arte en Lorient, Adrián Arguedas ofrece al público costarricense una nueva serie de grabados en metal bajo el título de Suite Sexuelle; con esta producción el grabador obtiene el premio nacional a la mejor exhibición del año en la rama de grabado.

Suite Sexuelle es una visión crítica de la violencia deformadora de nuestra época; Arguedas comunica su visión por medio de la bacanal y la orgía del poder. La codicia narcisista y la gratificación ególatra dominan los seres que se desplazan en los sórdidos espacios de los grabados de esta colección.

Después de haber disfrutado de una beca cultural de la Agencia de Información (USIS) de los Estados Unidos de Norteamérica, Adrián Arguedas regresó al país con una nueva serie de grabado en aguafuerte y aguatinta. Gran solvencia técnica y la dimensión del color caracterizan a este nuevo grupo de obras. La afinidad con su pintura es evidente en esta serie que se plantea como idea general la convivencia humana a través de la relación de pareja.

La imposibilidad de la comunicación, el peso de la cotidianeidad, la alienación se adivinan en el desgano y la sinceridad de los cuerpos desnudos, que no pueden eludir la elocuencia de los gestos y las actitudes en su abrumadora soledad.

Los acontecimientos del primer plano, se dibujan en un fondo en donde muchos otros personajes ejecutan acciones que se repiten sin cesar. Objetos de uso diario como jarros, cuencos y tazones establecen un diálogo con las series de acciones del último plano y unos con otros refuerzan el concepto de los actos repetidos a lo largo del tiempo.

Lo individual y lo social se integran en los espacios de cada grabado por medio del contraste entre los planos, la espacialidad ha sido simplificada para darle protagonismo al color y una cierta tendencia hacia lo bidimensional.

Cada imagen por sí misma y la totalidad del conjunto nos conducen a un ámbito de soledad, de tensión, de lucha, de alejamiento y de abandono que aliena a los personajes y los sume en la imposibilidad del abrazo.

Excelente calidad técnica, reflexión intensa, actitud crítica otorgan un sello de garantía que reafirma una vez más la importancia de la obra plástica de Arguedas en el medio.

(*) Adrián Arguedas es profesor de grabado de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Nacional.

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