Frase

  • He visto las cosas enviadas al rey desde la nueva tierra del sol. En todos los días de mi vida, no he visto nada que regocije mi corazón tanto como estas cosas, pues en ellas vi obras de arte, que me hicieron asombrarme ante el sutil ingenio de los pueblos de esas tierras extrañas.

     

    Alberto Durero, 1520

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MARCIA SILVA: LA FOTOGRAFÍA COMO UN CAMINO. Entrevista de Rafael Cuevas. Suplemento 93

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MARCIA SILVA: LA FOTOGRAFÍA COMO UN CAMINO

Entrevista de Rafael Cuevas Molina

Marcia Silva es una fotógrafa brasileña que trabaja en la Universidad Nacional. El 2 de diciembre pasado inauguró su exposición SOMOS COMO SOMOS en el Centro Cultural de España. Es a propósito de ella que la entrevistamos para el SUPLEMENTO CULTURAL.

 

Rafael Cuevas (RC): Tengo entendido, Marcia, que en Brasil estudiaste periodismo y, en el marco de estos estudios, encontraste tu vocación de fotógrafa.

Marcia Silva (MS): Yo creo que no fue tanto ahí porque, al principio, yo me iba más hacia el periodismo escrito. Podemos decir que yo tenía la intuición temática pero no tenía el ojo fotográfico que es enmarcar, trabajar con la luz y otras variables. A mí me interesaba el tema, y la fotografía era para mí más un instrumento para expresar mis preocupaciones sociales. Como periodista tenía que sacar fotos del ambiente en el que vivía la gente a la que entrevistaba, porque yo hacía boletines sobre programas específicos del Estado de Sao Paulo. La fotografía era más un complemento del texto que yo estaba haciendo. Esta fue mi primera aproximación a la fotografía: siempre ilustrativa y acompañando a los textos. Eso fue allá por los años 98 y 99.

RC: Luego viniste a Costa Rica.

MS: Si, vine e hice una maestría en comunicación en la Universidad de Costa Rica. Ahí me encontré con la barrera del idioma, y la maestría me fue orientando hacia el audiovisual. Yo no podía escribir en el nuevo idioma como escribía en mi país, así que al audiovisual fue mi nuevo lenguaje e inicié la producción de documentales. En ese contexto trabajé durante dos años en un programa llamado Bitácora, que me enseño que con el audiovisual yo podía decir cosas sin tener que pasar por la escritura.

RC: Eso te fue llevando, entonces a la fotografía.

MS: Sí, porque yo puse atención a que mis compañeros de filmación, cuando hacíamos documentales, se preocupaban constantemente por la luz, mientras que a mí lo que me interesaba eran las entrevistas con la gente; es decir que yo no tenía muy presente esa cuestión de la luz, y hasta me enojaba un poco por esa terquedad de preparar la luz y de tener la luz adecuada. Pero después, viendo los documentales terminados y el efecto de la luz, me di cuenta de su importancia, de que era un lenguaje y que no estaba tan disociado de lo que yo estaba haciendo. En un lapso en el que no hice documentales decidí, entonces, explorar eso de la luz con mi cámara fotográfica, una Pentax de mi época de estudiante. En el 2005 fue cuando descubrí la luz.

RC: Quiere decir que la luz ocupa un papel importante en tu fotografía.

MS: Claro, porque la luz es lo que te permite travesear con la técnica. Si no hay luz no hay fotografía, y a través de ella es que se pueden inventar cosas que ayudan a componer una idea dentro de la fotografía. Por supuesto que todo lo que tiene que ver con otras cosas, como la composición, por ejemplo, es muy importante, pero descubrir la luz es algo central.

RC: ¿Qué otras cosas fueron importantes?

MS: Saber que podía decir cosas a través de la foto, y a mí me interesa decir cosas a través de la fotografía. A mí, lo que más me interesa de una fotografía es lo que hay detrás de ella, quién es esa persona que yo estoy fotografiando.

RC: ¿Te interesa la persona que hay atrás, su personalidad?

MS: Me interesa la persona más que todo, y llegar a ella no es fácil porque siempre hay prevención por parte de quien va a ser fotografiado, y para mí la foto es buena en la medida en que la persona que es fotografiada es ella misma. Por lo tanto, para mí es muy importante la relación que se establece entre la fotógrafa, ese objeto que esta en el medio que es la cámara y la otra persona. Entonces ahí sí rescato mi aprendizaje del periodismo: yo debo eliminar por completo la cámara para que la relación sea entre la persona que se fotografía y yo, y para mí eso es un reto. Lo que yo busco en las sesiones fotográficas es que se elimine toda la pose, que sea un momento en el que estoy yo y la otra persona.

RC: Sin embargo, en esta exposición yo veo construcción de escenarios.

MS: Depende, porque ese escenario no es construido literalmente, sino que es el escenario en el que esa gente se mueve. Hay otras en las que sí hay una cierta construcción artificial, pero eso depende de qué es lo que se quiere decir. Por ejemplo: la foto de la Princesa Maya quise rescatar la belleza indígena centroamericana y para eso construí un ambiente y personajes que pudiera ayudar a rescatar la imagen de la diosa indígena, en un primer plano y, los patrones europeos de belleza, en un segundo plano.

RC: Al fotografiar desnudos, ¿hay reticencia de las personas?

MS: He ido descubriendo cosas porque la mayoría de la gente no está totalmente contenta consigo misma, y de ahí fue que surgió una nueva idea, la de hacer entrevistas con las personas que habían posado para saber cuál fue su motivación inicial para posar desnudo.

RC: ¿Pero son ellos los que tienen la motivación o son invitados?

MS: Hay de todo; algunos son invitados porque me parecen interesantes por alguna razón, la edad, sus rasgos o algo así; pero hay otras personas que han llegado cuando se dan cuenta que estoy haciendo fotos. Entonces la pregunta es cuál es la motivación. Porque hay una distancia entre el momento en que yo hago la invitación a alguien para que pose hasta que la persona llega a posar. Ese lapso puede ser de seis meses a un año porque, creo yo, se está procesando la información; así que cuando accede a posar averiguamos cuál es la motivación, y a eso se dirigen las entrevistas.

 


RC: Es decir que en un momento determinado te diste cuenta que atrás de la foto había algo más y eso lo buscaste con la entrevista.

MS: Las entrevistas vienen a apoyar la fotografía, a complementarla.

RC: ¿Eso no te lo podía dar solamente la fotografía?

MS: Se trataba de llevar a la propia gente que está siendo fotografiada a otro nivel, para que tuviera conciencia del proceso por el que había pasado. Fue así como descubrí otra dimensión de todo esto que le he llamado la fototerapia que se relaciona con lo que pasa cuando yo me veo desnudo. La historia fue así: una vez que yo empecé a fotografiar gente desnuda, noté que se repetían algunos patrones. El primero es el que llamo los diez minutos críticos, que es cuando la persona llega, se saca la ropa y empieza a contarme sus defectos sin que yo haya preguntado nada. Yo pensaba: “se está enfrentado a ella misma”, porque era una especie de excusa por tener esos defectos que se salían del modelo de lo que pensaban que era bello. Entonces ese fue un patrón, todas las personas decían exactamente lo mismo, que tenía que ver con una incomodidad con el cuerpo. Y esto era mucho más evidente en las mujeres que en los hombres.

RC: Es decir, pasaste a otro nivel.

MS: Exactamente, fue cuando me di cuenta que tenía un trabajo entre manos que podía desarrollar, y que tenía que ver con seguir fotografiando a las mujeres, con todos sus “defectos”, y de ahí viene el concepto de fototerapia. Esta consta en que cuando termina la sesión de fotografía me siento a enseñarle las fotos para que vean lo que se ha hecho y escoger las fotografías que les gustan, y es cuando se da un proceso interesante de auto-reconocimiento y aceptación, la cual se puede medir en la mirada de ellas y en la curiosidad con la que se ven a ellas mismas.

RC: ¿Y eso que llamas fototerapia tiene algún objetivo, alguna meta?

MS: En un principio no, pero ahora sí es parte importante del proyecto. Sin ser mi objetivo, la sesión fotográfica, se volvió un espacio para vivenciar, pensar y crecer. La gente que sale de aquí al día siguiente llama, hay una cercanía porque el desnudarse frente a otra persona de alguna manera es una entrega, se estrecha la amistad y se crea una especie de complicidad. Empecé a notar también que las personas se veían más feliz después de la sesión fotográfica y empezaban a comunicarse más, así que es en ese momento que yo pido a una amiga sicóloga, Tamara Valencia, que se incorpore al trabajo. Después que las fotos están listas, impresas, llega Tamara y las entrevista. Hay un cuestionario que busca medir el nivel de satisfacción de la gente, si realmente hubo algún cambio o no, qué se sintió en el momento de fotografiarse, qué sintió en el momento que se estaba viendo. Es decir, intentamos sistematizar lo que yo había percibido antes. Todavía no tenemos conclusiones porque las entrevistas son abiertas, pero ya para la exposición en el Centro Cultural de España utilicé algunas frases que me parecieron pertinentes para el trabajo pero todavía no hemos sistematizado, aunque intuitivamente podemos decir que se confirma lo que ya sentía yo desde que la gente ve las fotos, que hay una aceptación, un reconocimiento de su propio cuerpo, un apoderamiento de su propio cuerpo. La gente posa y dice “me sentí libre, me sentí bien. Me gusta cómo me veo”.

RC: Es decir, la fototerapia ha sido el resultado de tu práctica fotográfica.

MS: Como pude verse, todo ha sido una cadena que se ha ido formando casi por casualidad, sin que haya habido inicialmente una idea preconcebida. De esa cadena salen los conceptos de los diez minutos críticos y el de fototerapia. Ahora empiezo a incorporar otros elementos que tienen que ver con patrones de belleza. Por ejemplo, ser bonito es ser joven; el viejo es feo. Ahora me pregunto más allá: ¿de dónde vienen esos patrones?, ¿de los medios de comunicación?, ¿de una colonialidad que pervive en nuestros gustos?; es decir que lo bonito es ser blanco, y ser indio se asocia con perezoso; ser negro es ser feo. En Brasil, por ejemplo, al pelo del negro se le dice pelo “malo”. Me di cuenta, entonces, que la gente que venía a posar y que tenía esas características, tanto indígenas como negras, asociaban mucho la belleza con ese patrón de la belleza occidental clásica, cuando en América Latina no somos así.

RC: Pasando a otro tema, me gustaría saber por qué las personas que posan son más mujeres que hombres.

MS: Es que yo creo que esa problemática del cuerpo está más relacionado con las mujeres; a lo largo de la historia el cuerpo femenino ha sido más explotado que el cuerpo del hombre, principalmente en los siglos XX y XXI. Por otra parte, toda esa problemática de los estereotipos me parece que cala mucho más en la mujer que en el hombre. Los hombres que han venido a posar son, en su mayoría, novios de las mujeres que ya habían posado antes. Y una de las cosas que noto es que ellos no pasan por los diez minutos críticos. Una vez que toman la decisión de sacarse la ropa para posar no hay ningún problema. Cuando se les pregunta en las entrevistas por qué han posado se nota que para ellos posar desnudos está muy asociado a la libertad, que no tiene que ver en relación con su cuerpo, a pesar de que también el hombre cae hoy dentro de los estereotipos del cuerpo masificado; son cuerpos estandarizados: pectorales, músculos, panza de cuadritos.

RC: Veo que la fotografía ha sido para ti una puerta hacia muchos problemas.

MS: Sí, claro, con ella veo más allá. Lo que hago cuando voy a fotografiar es que busco distanciarme de las clasificaciones, que normalmente buscamos para denominar a las personas: joven, gorda, enano o vieja; las disocio en sus partes, y las recompongo en su totalidad, con lo que se rompe el estereotipo que sirve para clasificarlos y fotografío personas.

Otra puerta que me ha abierto la fotografía es evidenciar cómo el desnudo está asociado con el pecado. Esto salió mucho en evidencia en un par de exposiciones que puse el año pasado para validar las fotos. En un grupo de mujeres, curiosamente, después de toda la explicación que se dio del trabajo y que se mostraron las fotografías, una de las personas participantes comentó que estábamos haciendo fotos de muchachas anoréxicas. Es decir que ella entendió lo que quiso entender y vio lo que quiso ver. La suya era una posición censuradora porque asociaba el desnudo con algo malo, pecaminoso.

RC: Posar desnudo, entonces, ¿significa romper con un tabú religioso?

MS: El desnudo es un obstáculo de orden moral, aunque tal vez el principal sea el de la vanidad: yo no cumplo con el patrón de belleza y por lo tanto no quiero mostrarme desnudo. Pero en la historia, de la edad media para acá, se concibe al cuerpo desnudo como un pecado y por lo tanto hay que cubrirlo. ¿Y el centro del pecado en donde está? En los genitales. Tanto así que en el Génesis, cuando Adán y Eva se dan cuenta de su desnudez, lo que se cubren son los genitales. Entonces, fotografiarse desnudo es una trasgresión moral y religiosa. Es un acto de rebeldía.

RC: ¿Y hacia dónde pensás que te lleva ahora la fotografía?

MS: No se. Como fotógrafa realmente no se qué es lo que sigue, pero tengo un proyecto, del cual forman parte todas estas fotografías, que se llama Somos como somos, y que pretende sacar un libro con una selección de las más de 5000 fotos que he tomado, y en el cual lo central son los retratos que muestran a la gente como es, sin perder de vista dos premisas, desmitificar el cuerpo desnudo como una mercancía erótica y los patrones de belleza impuestos por la sociedad mercantil. Quiero mostrar el cuerpo como algo natural, como algo muy inherente a nosotros.

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