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  • “Las palabras llevan a las acciones… Preparan el alma, la alistan y la mueven a la ternura."

     

    Santa Teresa de Jesús

     

     

     

     

     

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Improvisaciones. COLUMNA DE CARMEN MÉNDEZ.

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Improvisaciones / Columna de Carmen Méndez

 

 

Con motivo de la celebración del Simposio de la Mujer en la Música, realizado del 6 al 8 de marzo de 2017 en la Universidad de Costa Rica, me dediqué desde hace varias semanas a leer, analizar y reflexionar sobre el legado de una mujer excepcional del siglo XII: la Abadesa Hildegard von Bingen, (1098-1179) mística, botánica, filósofa, teóloga, compositora, poeta..., conocida como la Profetisa Teutónica o la Sibila del Rhin.

 

Una niña, que desde sus primeros años tiene visiones sobrenaturales y es ofrecida a Dios, según la costumbre de la época. Se encarga de su formación intelectual y espiritual otra gran persona, Jutta von Spannheim. Vive desde muy temprana edad la experiencia monástica. y, al morir su mentora, sus compañeras monjas la eligen abadesa.

 

A partir de ese momento, desarrolla un liderazgo extraordinario. Sus visiones son aprobadas por el Papa Eugenio III y, a pesar de adversidades e incomprensiones, Hildegard logra realizar su misión. La fortaleza, la fe y la labor incansable de esta Santa y Doctora de la Iglesia tienen una gran actualidad en el siglo XXI. Como mujer alcanza un desarrollo inimaginable para la época medieval y constituye un modelo de autonomía, generosidad y fuerza, totalmente vigente para nuestro tiempo. Como compositora escribe 78 obras, que, por una parte, responden a las necesidades litúrgicas y, por otra, son ejemplos didácticos de moral cristiana. Se conservan en el tomo del “Códice Gigante” de Wiesbaden. Ella revoluciona la notación musical, se adelanta varios siglos al componer el género “oratorio” y es motivo de inspiración para creadores de los siglos XX y XXI.

 

La vida y la obra de Hildegard von Bingen han sido ampliamente estudiadas desde muy distintas perspectivas disciplinarias. Una de tantas son los paralelismos entre el santo y el artista. La pensadora italiana Chiara Lubich considera que hay una gran proximidad entre el santo y el artista; si la obra de arte es auténtica, llega a ser inmortal. Juan Pablo II define la vocación artística como “destello divino”. La académica Victoria Cirlot opina que si Hildegard hubiese nacido en este siglo, hubiera sido una artista, porque ambos buscan la perfección en el conocimiento de la realidad. Son guías de las comunidades y pueblos.

 

En fin, me resultó fascinante esta primera indagación sobre Hildegard von Bingen... Espero continuar profundizando en los aportes de este legado excepcional, que nos enriquece y lanza hacia caminos de esperanza y lucha.

 

 

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