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Suplemento 123

El Gucumatz en persona: libro documental de Luis Díaz

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El Gucumatz en persona: libro documental de Luis Díaz

 

Carlos René García Escobar[1]

 

A poco de cumplir su cincuentenaria labor creativa en la historia contemporánea del arte en Guatemala, es del caso hablar de la obra que elevó a Luis Díaz a las alturas de la cima del arte guatemalteco, y también de su libro autobiográfico El Gucumatz en persona[2].

 

Los críticos junto con las páginas sociales y culturales de los medios nacionales, no han tardado en desplegarse en elogios y reflexiones acerca de su producción plástica, pues Luis Díaz forma parte importante del vanguardista y prolijo mundo del arte en Guatemala.

 

Desde hace ya unos cuatro años tenemos a la vista en librerías y centros de documentación un volumen de 346 páginas numeradas e impresas en papel couché de 80 gramos, en tamaño carta, ilustradas con recortes de prensa y, como es de suyo pertinente, con fotografías de sus obras a color y blanco y negro. Precioso documento editado e impreso por ServiPrensa S. A.

 

Contiene una completa revisión cronológica de la vida, pasión y milagros de nuestro artista hasta el 2007, año próximo a cumplirse el cincuentenario de tan prolífica carrera. El recuento comienza en 1964, cuando Luis Humberto Díaz Aldana, su nombre completo inicia su largo desfile de exposiciones, un 3 de junio, en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, a la sazón radicada en la Octava avenida y Doce calle de la Zona Uno de la ciudad de Guatemala. Comenzaba el germen de sus abstracciones experimentando con diferentes técnicas en bodegones, paisajes y grabados.

 

Debe anotarse para los anales históricos del arte guatemalteco que en ese mismo año fundó La Galería DS con Daniel Schaeffer, ubicándola en la Avenida Reforma. Era la galería que le permitiría a los guatemaltecos de entonces apreciar, en primerísimo lugar de la escala nacional e internacional, la producción plástica de vanguardia, y en donde se expondrían las primeras creaciones artísticas de Díaz.

 

 

El libro presenta en el margen superior de cada página el año, la descripción en una o dos palabras, el nombre del/de la autor/a o autora del texto reproducido, el lugar y la fecha en las que se produjo y el número de la página. Esto nos indica que el libro en todo su volumen ofrece al/a la lector/a un enjambre bien ordenado de recortes de prensa debidamente fechados y con fotografías del momento, de la enorme cantidad de exposiciones en que Díaz ha participado y de las que ha sido protagonista principal. Se reproducen también los catálogos e invitaciones como ilustraciones que completan adecuadamente la información. Y lo más importante, se replican relevantes ejemplos de su obra expuesta tanto de pintura como de escultura; de sus diseños arquitectónicos, sus instalaciones y la obra que decora genialmente algunos edificios modernos de la ciudad capital.

 

 

Gucumatz no es solo el nombre sino lo que significa en la unicidad universal del ser humano y su permanencia eterna a través del símbolo de la esperanza futurista, por la que la serpiente terráquea y voladora se muerde la cola formando un círculo infinito en el que quedan atrapados los/as habitantes de una tierra acuosa, montañosa, convulsa e irredenta como la que ostenta este su dios terreno, navegador y volador.

 

El caso es que Gucumatz, la serpiente que vuela, efectivamente voló con estela blanquiazul y se aposentó en Sao Paulo, Brasil, para darle a Guatemala, tierra de árboles viejos, el primer premio latinoamericano en su XI Bienal de Arte, aquella, de alcances sobradamente internacionales.

 

Y así tenemos ahora, cinco décadas después, un documento completo que no solo nos refiere al Gucumatz en persona, sino a una historiografía hemerográfica, fotográfica e ilustrativa de la dinámica vital y de las relaciones de Luis Díaz con los/las creadores/as más insignes de la producción plástica guatemalteca de estas décadas. Encontramos en este volumen recortes de publicaciones periódicas cotidianas, semanales y mensuales; impresos, críticas, imágenes y entrevistas; catálogos y toda clase de información al respecto. Presenta todos los datos ordenados por año, imagen o texto, medio de publicación, autor/a, país y fecha de publicación; los/as historiadores/as del arte tienen una joya irrepetible.

 

Al respecto de la obra de Luis Díaz, en este libro se muestra que la crítica nacional e internacional ya lo ha dicho todo en el sentido de interpretar rupturas e innovaciones de esquemas tradicionales del arte, que Díaz ha plasmado en la configuración material de sus ideas y percepciones estéticas desarrolladas en su frenético paso por distintas aulas y ambientes tanto académicos y como rurales del vaivén histórico guatemalteco.

 

 

Las influencias de artistas como Pablo Picasso y Carlos Mérida fungen como campanillas que le marcan el estilo, las técnicas y las ideas, a lo cual él responde con nuevas producciones que se vuelven muy propias y particularmente sensibles al análisis conceptual. Es decir, se muestra en su trabajo una apropiación de la realidad objetual que traduce en formas geométricas presentadas ante la percepción de los/as espectadores/as receptores/as, a los/as que Díaz convierte en nuevos creadores de arte, en la medida en que con sus propuestas artísticas no solo se recrean sus ideas estéticas, sino se procrean nuevos conceptos de tales realidades objetuales. Es allí cuando Díaz logra impactar en el espíritu crítico de quienes asimilan sus creaciones: “Se impone pues, la necesidad de descubrir la organización implícita o no, de los mensajes, tal como propone el conceptualismo ideológico” (Rafols. J. F. Historia del Arte. 2000. Pág. 583).

 

 

Esto ha significado para Díaz la utilización de un cierto minimalismo que, contradictoriamente, se barroquiza debido a su frenetismo creador. Siguiendo esta premisa, uno se percata de que el conceptualismo artístico de Luis Díaz no llega a tal esencia, porque mucha de su creación se afinca en contenidos y formas que tienen en sí mismas su proceso histórico de ancestralidad, tradicionalidad y realidad objetiva de su sociedad; es decir, la realidad de su terruño de nacimiento.

 

Lo dicho se demuestra cuando Díaz elabora conceptos sobre mitos y tradiciones ya existentes en la historia guatemalteca. El título de su libro lo especifica. Asímismo, la naturaleza misma adquiere formas concretas de exposición, tal el lago de Atitlán y sus entornos geográficos, montañas y volcanes. Tal, los bosques del país, expresados en el entorno de su residencia en la sierra de Mixco con su cerro Alux. Tal, la contaminación inevitable de la ciudad de Guatemala. De hecho, su denuncia personal se refleja en productos artísticos manifiestos en instalaciones que aúllan en contra de la contaminación ambiental en todos los sentidos.

 

Según mi criterio, otra grand obra consagra a Luis Díaz: el trabajo titulado Atitlán Guatemala (1979, Galería El Túnel) que cubre las cuatro paredes de un ambiente y qué mejor que citar al mismo artista, quien nos dice en tono profético en su presentación:

 

Esta obra quiere ser un homenaje a la naturaleza: al suelo y al hombre de mi país. Con ella mi trabajo parece haber tomado un rumbo distinto. Ya no le encuentro sentido a plantear de la misma manera el tema de la violencia, que al espectador y a mí nos toca tan de cerca y cotidianamente, como contra partida de esa violencia, como reacción frente a sus cruentos resultados, busco aproximar al público a la vida y no a la muerte, a la afirmación y no a la negación, a lo intemporal y no a lo efímero, por eso escogí Atitlán. Sin embargo en la medida en que iba avanzando en mi obra, descubrí que el lago Atitlán se me revelaba cada vez más como una superficie gris metálica, como un mundo estéril, deshabitado, y me dí cuenta, poco a poco, que también contra Atitlán –corazón de mi tierra– se viene ensañando la violencia: la locura de la industria, el monstruo de la contaminación. Quizás por ello mi trabajo, realizado con desechos de materiales utilizados en las artes gráficas, se torne una advertencia y, ojalá oportuna alerta. Debo agregar, antes de concluir, que esta obra lleva implícita la pretensión de un necesario retorno a la naturaleza, de un llamado al orden natural que supone la obediencia de sus leyes. Sólo me resta contar que con este trabajo cumplo con una vieja promesa: un artista guatemalteco me pidió alguna vez que le hiciera una escultura sin volumen, y recuerdo que le respondí que prefería hacerle un lago sin agua…

 

Un tercer trabajo de dimensiones colosales, igual que los dos anteriores aquí citados, entre otros de la misma calidad como GuateBalas, ganador del primer premio en la bienal del CSUCA en Costa Rica en 1971, es el Arte de Resistencia. Como dijo Cortázar, “De todos los fuegos, el fuego”. Esta es una exposición del fuego;pero no en su condición de elemento destructor, sino en la de inspirador de ideas y de purificación. Son fuego las expresiones más genuinas de los campesinos en todas las culturas cuando estas refieren a sus necesidades de sobrevivencia directa. Luis Díaz las expresa por medio de ese fuego: "nosotros queremos justicia – nosotros queremos maíz – nosotros queremos frijol – nosotros queremos tierra – nosotros queremos paz". Aquí se resume una buena parte de la realidad nacional; y no estamos hablando de un arte panfletario, es sencillamente la interpretación abstracta de algo tan ingente que la sociedad guatemalteca y su Gobierno no han podido resolver hasta hoy.

 

Todo ello lo encontramos plasmado en sus ahora innumerables exposiciones pictóricas, esculturales y arquitectónicas, enmarcadas en el afán de mostrar la realidad nacional histórica, ancestral y contemporánea, en el marco de lo conceptual y no en lo figurativo como lo hicieron, hacían y hacen los/as artistas guatemaltecos/as de tiempos antiguos y contemporáneos. He ahí su ser diferente de su entorno contemporáneo por el que se ganó cierta animadversión con la cual obtuvo también el reconocimiento de la crítica intelectual.

 

De ahí que su obra se ha reconocido internacionalmente más que en los ámbitos nacionales, aunque, luego de cuarenta años de lucha tenaz por conseguirlo, actualmente, a Luis Díaz ya se le considera de los eximios artistas guatemaltecos de finales del siglo XX y principios del XXI.

 

 

Y es que Luis Díaz no se ha desentendido de su realidad nacional. En su soledad artística, la ha interpretado y reinterpretado dignificando, en sus productos artístico-conceptuales, el crudo devenir de los/as guatemaltecos/as, manifiesto en una objetividad política rigurosa, degradante y violenta en extremos inhumanos. Sus esfuerzos por dignificar al género humano guatemalteco lo llevaron a producir creaciones artísticas como Gucumatz, GuateBalas, El lago de Atitlán, La Conquista, a recrear la fauna guatemalteca, –animal y humana–, a revalorar la flora –árboles y bosques–, a decorar edificios modernos con míticas esculturas.

 

 

Esto ha producido lo que aun los/as guatemaltecos/as no saben explicar, pero lo sienten y lo callan por lo mismo: una identificación nacionalista con todo aquello aún invalorado que es la ancestralidad de los orígenes, presencia fantasmal de la propia idiosincrasia, por lo que se dificulta la aceptación de nuevos conceptos nacionalistas interpretados y reinterpretados por su genio creador y estético.

 

 

Todo este trabajo, más o menos comprendido por sus contemporáneos/as durante más de cuatro décadas, le ha valido el reconocimiento, y lo demuestra en su libro, al amparo de una crítica artística profesional de personajes, entre críticos/as propiamente, artistas con capacidad crítica, comentaristas de revistas y periódicos y amigos/as intelectuales que a continuación enumero en forma cronológica siguiendo su libro, en un acercamiento a lo que se ha dicho de la obra de Luis Díaz. Todos/as pueden ser leídos/as en este libro profuso en recopilación documental del arte contemporáneo guatemalteco: Luz Méndez de La Vega, Alfonso Enrique Barrientos, Leopoldo Castellanos Carrillo, Edith Recourat, Roberto Cabrera, Ana María Rodas, Mario Alberto Carrera, Lionel Méndez Dávila, Manuel José Arce, Marta Traba, Arnoldo Ramírez Amaya, Elisa Fernández Rivas, Denise Sánchez, Irma Flacquer, María Eugenia Gordillo, Roberto González Goyri, Juan B. Juárez, Fernando Gonaz –Fernando González Davidson–, Adriano Corrales Arias, Aníbal Manuel, Regina Vater, Jorge Montes, Dina García de Deman, Lulú Colom de Herrarte, María del Carmen Pellecer de Farrington, Mario Monteforte Toledo, Albert Vourvulias, Luis Aceituno, Aurelia Dobles, L. F. Q., Nelson Moya, Adelma Bercián, Irma de Luján, Jaime Barrios Peña, Dante Liano, Juan Carlos Lemus, Ana Lucía González, José María Magaña Juárez, Haydée Archila, Jaime Barrios Carrillo, Ingrid Roldán Martínez, Marta Sandoval y Rafael Gutiérrez.

 

 

Debo decir que todos/as, unos/as más que otros/as, abordan la obra de Luis Díaz con profundidad, en la medida del análisis crítico o del reportaje o comentario periodístico.

 

 

También se debe resaltar la abundancia de premios obtenidos por Díaz, tanto de altura internacional como nacional, al filo de otros/as artistas guatemaltecos/as de su generación. En este sentido, la obra de Díaz le ha proveído a Guatemala las más grandes glorias, como la de las bienales brasileña y costarricense. Sus premios centroamericanos han sido contundentes y por su medio, el arte conceptual guatemalteco ha llevado la vanguardia en Centroamérica durante las décadas recientes.

 

Otra de las glorias de nuestro artista es la de haber sido impulsor de las primeras galerías de arte en Guatemala allá por los años sesenta y de haberse desenvuelto atinadamente en la decoración de algunos edificios modernos de la ciudad de Guatemala. Todo esto lo convierte entonces en una más de las glorias de este nuestro azorado país, Guatemala.

 

Todo está en su libro. De seguro habrá más en el futuro.

 

Ciudad de Guatemala. Colonia La Florida, Zona 19

20 de febrero de 2017, Día de La Marimba

 


 

 



[1].   Escritor y antropólogo guatemalteco. Presidente del Centro PEN de escritores de Guatemala.

[2].   Gucumatz es el nombre que recibe la Serpiente Emplumada de la mitología mesoamericana entre los maya-quichés de Guatemala. En otros sitios del mismo espacio civilizatorio se le conoce como Quetzalcóatl o Kukulkán. Luis Díaz llamó El Gucumatz en persona a la obra con la que ganó el Gran Premio Latinoamericano de la XI Bienal de Sao Paulo en 1971. Posteriormente, se publicó en 2007 'con este mismo título' el libro que recoge la obra del pintor.

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