Frase

  • He visto las cosas enviadas al rey desde la nueva tierra del sol. En todos los días de mi vida, no he visto nada que regocije mi corazón tanto como estas cosas, pues en ellas vi obras de arte, que me hicieron asombrarme ante el sutil ingenio de los pueblos de esas tierras extrañas.

     

    Alberto Durero, 1520

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Tripudium: Guernica mi primer performance. Columna de Marta Ávila Aguilar

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Guernica mi primer performance

 

Tripudium / Columna de Marta

 

 

La mayoría de la actividad dancística en Costa Rica desde mitad del siglo XX se desarrolló en los pocos teatros convencionales que existían: el Teatro Nacional, el auditorio de Bellas Artes, el Teatro Castella, el Teatro Popular Melico Salzar o el Teatro Eugine O’Neill, con propuestas creadas para verse en escenarios de formato a la italiana, donde el público es la cuarta pared. 

 

No obstante, en la historia de la danza nacional, hemos identificado, desde finales de los años sesenta, algunas manifestaciones realizadas fuera de esos espacios, que en esa época se conocían como happenning y que fueron impulsados por la generación de coreógrafos denominados posmodernos, quienes se iniciaron en el contexto del Judson Church de Nueva York, al buscar soluciones diferentes de las de sus maestros modernos. 

 

En nuestro medio, Mireya Barboza fue la primera coreógrafa de danza moderna que decidió bailar en esos espacios alternativos, a su regreso de Europa. También lo hicieron los integrantes de DanzaCor liderados por Rogelio López, que ejecutaron, en los alrededores del campus de la Universidad de Costa Rica, múltiples actividades artísticas basadas en la improvisación coreográfica, en el contexto del movimiento político estudiantil. Posteriormente, las agrupaciones estatales como Danza Universitaria (1978), la Compañía Nacional de Danza (1979), la Compañía de Cámara Danza UNA (1981) y otros artistas como Nandayure Harley también abordaron estos escenarios alternativos: los parques, pasillos, calles y plazas en los que pudieran mostrar sus trabajos coreográficos al aire libre y sin muchos requerimientos técnicos y escenográficos. 

 

Eso mismo hacían estas agrupaciones durante las giras de extensión en las que debieron bailar en atrios, patios, solones comunales y otros espacios donde socializa la población de las comunidades fuera del área metropolitana. De igual forma, debemos recordar las participaciones del grupo Diquis Tiquis en las exposiciones de la artista plástica Lil Mena, entre otros. 

 

Es decir, sin saber, desde hace mucho tiempo, en nuestro país, estábamos haciendo lo que recientemente se denomina performance. 

 

En este sentido, recuerdo que, a propósito de la exposición itinerante por América Latina de los bocetos y la pintura final titulada Guernica de Picasso, realicé Dolor, un montaje que se bailó en la extinta Galería Nacional ubicada en los bajos de la Biblioteca Nacional. 

 

Ese evento se efectuó el 3 de agosto de 1988 y fue interpretado por algunos de los integrantes del grupo de aspirantes de Danza Universitaria, entre los que participaron Vicky Cortés, Hazel González, Carolina Córdoba, Irene Dobles, así como Francisco Centeno, Sergio Gómez y Roberto Paniagua, jóvenes bailarines que hoy son maestros y coreógrafos con mucha trayectoria. Con ellos, mediante la improvisación, comenzamos a crear imágenes alusivas al dolor, que para mí estaban presentes en toda la obra de Picasso y que dieron como resultado, en 1937, la emblemática Guernica. Con la partitura de una pieza de la compositora Debora Kolb, traté de plasmar la iconografía del grito del caballo, el soldado destrozado, el toro impotente, así como el de las mujeres desgarradas y niños víctimas de aquel ataque facista del ejército nazi que destruyó y aniquiló a la aldea vasca, la cual lleva el nombre de la pintura. 

 

En dicha experiencia, el público que estaba en la galería, en cuyos muros teníamos los bocetos y reproducción de las los trazos de Picasso, se generó un ambiente de caos artístico e intimidad en el que la danza, la plástica, la música y las emociones permitieron repensar un momento histórico de mucho dolor. 

 

Hoy, ante tanta oferta de danza y con solo un escenario más: el Teatro de la Danza, los bailarines y coreógrafos siguen buscando espacios alternativos  para bailar, ante la escasez de edificios propicios, porque la danza sigue, es una necesidad vital de expresión que involucra el cuerpo como elemento común de cualquier persona.

 

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