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Improvisaciones: El trabajo en equipo en la docencia musical. COLUMNA DE CARMEN MÉNDEZ.

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El trabajo en equipo en la docencia musical

Improvisaciones / Columna de Carmen Méndez

 

Hay muchos mitos acerca de las relaciones entre artistas, algunos señalan que el entendimiento es directo, otros, por el contrario, opinan que es imposible la comunicación porque cada uno vive en su propio mundo y ni siquiera se escuchan.

 

Limitaciones humanas como los celos, la envidia, la ambición y el egocentrismo dificultan la convivencia y el buen vivir entre los artistas. Sin embargo, hay un espacio en el que las probabilidades de tener relaciones saludables son mayores. Se trata de la docencia musical compartida.

 

Hemos tenido experiencias verdaderamente gratificantes en el trabajo en equipo entre educadores musicales. Y van más allá de toda expectativa: como resultados, se dan actividades creativas, coordinadas, originales.

 

La docencia musical es sumamente demandante. ¡Exigente! Requiere planificación certera, materiales musicales y objetos auxiliares adecuados para la edad y los intereses de los estudiantes. El repertorio debe ser conveniente para las características vocales, motrices y para la comprensión conceptual de los educandos. No es suficiente que el docente investigue teóricamente, debe tener el potencial, las herramientas y la habilidad de realizar la transferencia al aula. Pero en el momento presente en el que se lleva a cabo la lección, el maestro debe estar dispuesto a cambiar todo, aplicar otra metodología, otros contenidos y a variar hasta los objetivos, porque la experiencia educativa se construye con los mismos estudiantes. No es posible forzarlos o maltratarlos para lograr las metas. El proceso es parte fundamental de la vivencia pedagógica y debe ser lúdico, agradable y entusiasta. En esencia, la clase de música precisa ser una experiencia estética en sí misma. En mis años de estudio en Alemania, un profesor decía que el aula para el docente equivale al escenario para el intérprete. Debe haber vivencia artística.

 

Ante estos desafíos, los docentes comprometidos se solidarizan entre sí. Están conscientes del valor de su trabajo. Saben cómo impartir las lecciones, por qué, para qué y cómo. Han elaborado una filosofía propia. Como dice Murray Schafer, nadie debe imponerle a otro su filosofía de la educación musical, pero puede compartirla con los demás.

 

Hay circunstancias propicias en que el trabajo en equipo se fortalece. Los otros colegas se convierten en aliados y la fuerza del grupo sostiene a cada individuo. Es una oportunidad extraordinaria para aprovechar todo lo que la música nos ofrece, cualquiera que sea nuestra situación como docentes.

 


 

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