Frase

  • He visto las cosas enviadas al rey desde la nueva tierra del sol. En todos los días de mi vida, no he visto nada que regocije mi corazón tanto como estas cosas, pues en ellas vi obras de arte, que me hicieron asombrarme ante el sutil ingenio de los pueblos de esas tierras extrañas.

     

    Alberto Durero, 1520

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Improvisaciones: Columna de Carmen Méndez

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Improvisaciones / Columna de Carmen

 

 

La música puede clasificarse de muy distintas maneras. A través de los siglos y de acuerdo con sus características, han surgido tendencias para agrupar las obras en una categoría específica.

 

Particularmente en el siglo XIX, con el Romanticismo, surgió el concepto de música absoluta en contraposición al de música programática o descriptiva. Se incluía en él la música instrumental sin texto o referencia extramusical. Géneros y formas musicales fueron ubicados en una de estas corrientes.

 

Sonatas, sinfonías, conciertos, tocatas, preludios, estudios... entre otros, se agrupaban como música absoluta, mientras que los poemas sinfónicos, lieder, oratorios... se reunían bajo el concepto de música programática o descriptiva. Él musicólogo alemán Carl Dalhaus tiene un libro titulado La idea de la música absoluta, que es un interesante estudio sobre la estética musical decimonónica.

 

Sin embargo, en esta ocasión, deseamos referirnos precisamente a una obra más bien programática: el poema sinfónico de Bedrich Smetana (1824-1884), conocido como “Moldava o Moldavia”. Al seguir un programa, en el cual describe el paisaje sonoro del recorrido del río Moldava, Smetana crea una obra maestra, cumbre del nacionalismo y de la música checa. Forma parte de un ciclo de obras denominado “Mi Patria”. La estructura musical está magistralmente pensada para describir los distintos paisajes geográficos y acontecimientos sociales por los que atraviesa el río. Desde su nacimiento en los bosques de Bohemia, describe los manantiales con sutiles diálogos entre los instrumentos de madera. Luego asume una estructura rítmica reiterativa que representa la danza de una boda campesina. Presenta después un claro de luna, un pasaje con los rápidos de San Juan y, por último, entra majestuoso a la ciudad de Praga, con el tema principal, grandioso y conmovedor.

 

Este ejemplo impecable del género musical decimonónico “poema sinfónico” nos hace preguntarnos cómo puede, en la Costa Rica del siglo XXI, describirse la exuberante naturaleza tropical. Pero, naturalmente, no con el lenguaje musical tonal del pasado, sino con los recursos compositivos propios de nuestra época. Hay tantas y variadas opciones que pueden ser fuente de inspiración para los compositores contemporáneos. Estas creaciones, interpretadas de la mejor manera posible, compuestas con autenticidad y calidad artística son las que anhelamos disfrutar quienes amamos la música nueva. Es probable que un día del calendario del futuro nos identifiquemos con ella, como los checos y eslovacos reconocen el Moldava de Smetana.

 

Tienen la palabra nuestros compositores, las instituciones musicales y las políticas culturales oficiales. Tarea ineludible.

 

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