Frase

  • “En River, el protagonista es un típico analógico inadaptado que lee libros y escucha discos de vinilo. Su compañero señala una vez una pared forrada de estanterías de discos de vinilo y le dice: “¿Sabes que puedes meter toda esa música en el teléfono?”; “¿Y para qué cojones iba a hacer eso?” responde River. “Para tener más espacio”. “¿Y para qué quiero más espacio?” Esto es algo que los millenials tal vez no entiendan, pero los discos y los libros no roban espacio: una de las razones por las que queríamos tener una casa era para llenarla de discos y libros. Una de las razones por las que yo quise ganar un sueldo fue para gastármelo también en discos y libros. Supongo que son anhelos incomprensibles hoy.”

     

    Sergio del Molino, en Xpgigirey

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Improvisaciones. Columna de Carmen

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Improvisaciones / Columna de Carmen

 

 

Al celebrar los 70 años de una persona, cuando se han compartido 45 con ella, se puede dar una visión de su vida como testigo presencial.

 

 

Esta es mi situación como esposa y colega al lado del compositor Mario Alfaro Güell, quien nació en San José el 27 de abril de 1948 y es conocido con su nombre artístico como Alfagüell.

 

La formación de un creador es un proceso sumamente paradójico: lento, veloz, tortuoso y gratificante, todo a la vez. Entre lo que he aprendido en estas cuatro décadas, es que la composición musical debe partir de una necesidad honesta y auténtica. El artista, según algunos autores, es cocreador del Universo y sus aportes contribuyen a construir el patrimonio cultural.

 

Hay criterios que consideran que la vocación social del arte se cumple cuando los creadores se encuentran imbuidos en esas realizaciones y son sensibles, de manera consciente o inconsciente a las inspiraciones que surgen auténticamente desde las profundidades de sus “almas”.

 

Chiara Lubich, pensadora contemporánea lo expresa de esta manera: “Es la visión del arte como profecía de un nuevo humanismo, que deja entrever la potencialidad social de experiencias de unidad, fruto del amor recíproco entre los hombres, reflejo de la Belleza de Dios que es Amor”. (Voce, María, El carisma de Chiara Lubich: Motor del cambio social, ined. Marzo, 2018)

 

Esto nos lleva a pensar que si bien, todas las personas tenemos derecho a expresarnos a través de las distintas manifestaciones artísticas y a crear acontecimientos sonoros originales, bellos e interesantes, solo algunos poseen esa vocación definida, apasionada y arrolladora de los compositores auténticos a tiempo completo. Son aquellos que logran escribir obras que trascienden el tiempo y el espacio, independientemente del género y el estilo; que le hablan al ser humano de cualquier lugar y época.

 

En el caso de Alfagüell, al igual que otros compositores, la historia será la que dé el veredicto de la longevidad de su obra. Sin embargo, como testigo puedo dar fe de la necesidad absolutamente profunda que él tiene de crear en forma continua, cada día desde el amanecer. Vive en el mundo imaginario de la obra que presiona desde su mente para ser escrita en el papel y pasar a la ejecución sonora materializada.

 

La satisfacción que le proporciona encontrar el camino para “decir” lo que necesita expresar, alterna con la ansiedad que le produce estar en la búsqueda, sin hallar la solución idónea. Esa salida debe ser la que le convenza y guste de verdad, no puede ser a medias, la autocrítica es su aliada. Y esas respuestas aparecen en el momento más inesperado. De ahí que se dan las características situaciones estereotipadas, en las cuales los artistas suspenden sus actividades para atender a esos destellos de inspiración, que irrumpen sin avisar.

 

Alfagüell puede detenerse en la carretera, dejar de comer o despertarse en la noche para anotar una idea musical. Y no es esnobismo… es necesidad. Teme que se le vaya a olvidar. Pero, más interesante aún, es el desprendimiento que tiene hacia el proceso de la recepción musical. Él está consciente de que lo que le corresponde es crear, inventar y escribirlo. No se interesa particularmente por el proceso de producción, difusión o adquisición de fama. Por lo general, trabaja varios proyectos simultáneos o al menos, los tiene en mente.

 

Y aquí es donde, puedo asegurar, ha sido lo tortuoso de la labor creativa del Mtro. Alfagüell. Mientras él se dedica a anotar los eventos sonoros a partir de procesos de construcción originales, crear nuevos signos en una notación musical totalmente personalizada, analizar y seleccionar textos para llevarlos a la musicalización en géneros nuevos como “la hablata” o descubrir nuevas formas de tocar un instrumento, hay colegas costarricenses que se empeñan en cerrarle las puertas para que su música no se escuche. Así de increíble… Reiteradamente, se han evidenciado y denunciado estas actitudes y acciones que impiden a los compatriotas conocer su música. Se han realizado trabajos finales de graduación de maestría o doctorado nacional e internacionalmente, se han escrito cartas, artículos periodísticos, como el del Dr. Alfredo Sánchez, titulado “Mario Alfagüell, el tico que no es profeta en Costa Rica” publicado en el periódico La Nación en 2012. Sin embargo, la mezquindad y las envidias siguen siendo comunes.

 

Curiosamente, en otros países como Lituania, Rusia, España, Alemania, Bélgica, Croacia, Estados Unidos, Argentina, Colombia, México… sus obras han recibido el beneplácito del público, los críticos y los colegas músicos.

 

Como familiares, los hijos y yo, así como los amigos y colegas leales, tratamos de apoyarlo y convencerlo de que esos obstáculos no tienen larga vida. Su música es muy bien recibida por las nuevas generaciones; el mundo es muy amplio y la historia tiene la última palabra, no la envidia ni los celos profesionales. Pero lo más interesante es que mientras hablamos de este tema, a menudo se traslada a su mundo porque irrumpen las soluciones que buscaba y la creación sana su frustración transitoria.

 

¡Un agradecimiento a los colegas universitarios, estudiantes y amistades que durante estas décadas han mostrado su reconocimiento y apoyo a la labor creativa de Mario Alfagüell!

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