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Antidio Cabal: un poeta que habita entre las orillas. Por Munia Cabal*. Suplemento 108

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Antidio Cabal: un poeta que habita entre las orillas

 

Por Munia Cabal*

 

 

EPITAFIO

"Llegué justo a tiempo

para encontrarme conmigo para siempre".

(Gamborino, 1946-1947)

 

 

Antidio vino desde lejos, salió un 11 de febrero de 1949, empujado por las aguas y el viento que arreaba la goleta “Rafaela Orive”[1]. Se había radicado en Madrid con el proyecto de emigrar a Alemania, con la intención de cursar la carrera de filosofía. Su padre lo convence de regresar al archipiélago canario para estudiar y es entonces cuando decide hacerse a la mar. Más que un emigrante, se declara “un ´huyente´ y no por razones políticas sino éticas. Me resultaba imposible vivir en aquella España secuestrada, triste, enrejada y vejada, aquella España de ejecuciones. Así que decidí huir, llegando a Venezuela, aunque ésa no era mi intención. Después de un corto período de tiempo dirigí mis pasos a Costa Rica que elegí por ser un país sin ejército, y desempeñé trabajos de toda índole en medio de penalidades que me enseñaron en carne propia el durísimo mundo de los huídos, de los exiliados, de los emigrantes[2]. Lo trajo, pues, la ética de no ser soldado “menos soldado de Franco” aclaraba y lo enamoró el país que en ese entonces reunía esa condición de aire fresco, de mares verdes y de presidentes que hacían audiencia en su casa y caminaban por la calle sin guardaespaldas. Un hombre que conscientemente eligió ser dueño de su exilio en ese país sin ejército y porque sus guardias civiles se ponían por igual el rifle a la izquierda o a la derecha. “Aquí me quedo”.

 

Nació en Las Palmas de Gran Canaria, hijo de un capitán armero, de origen asturiano, que fue destinado a los cuarteles de la isla de Fuenteventura (en reemplazo de otro armero) en 1915[3]. Ahí formó la familia en la que nacería Antidio un 3 de abril de 1925.

 

La trayectoria de Antidio es múltiple, no solo diversa. Se inició en la poesía muy joven, a los 9 años, a la que llegó, en sus propias palabras, “por impotencia” ya que su primera inclinación artística fue la pintura. Creo que la poesía es intuición, que es conocimiento y que es encuentro. Elementalmente sabemos que no sería un conocimiento sociológico ni tampoco un conocimiento científico, pero creo que la civilización occidental, a la que pertenezco de pleno y en la que he sido formado, conformado y deformado, tiene un concepto del conocimiento bastante limitado, aunque sea profundo y valioso. Desde la irracionalidad filosófica se entiende que conocimiento es aquello que produce la razón aunque ya se sabe que la razón produce siempre irracionalidad sistemática, como por ejemplo, los sistemas filosóficos. Pero la poesía produce siempre conocimiento sólo que su fuente es distinta. Desde un punto de partida genérico su fuente es el hombre, pero el punto específico dentro del hombre es otro punto de partida distinto de la racionalidad; si en el fondo conocer quiere decir tocar el principio de lo que es, pues es tocar el principio de lo que es. Y la poesía toca el principio de lo que es por otra vía distinta de la científica o la religiosa. (…) Hasta los treinta años creí que la poesía era una irrupción de la totalidad en la parcialidad del corazón y del planteamiento del hombre. Me mostraba muy helénico. El logos habla, el logos siempre está cantando lo que es y lo que será y las musas recogen ese mensaje que no está claro para nosotros y nos dicen telefónicamente 'mire, el logos nos está diciendo esto'. Yo creía que la poesía era simplemente una especie de testimonio extraantropológico que el logos enviaba para que lo usáramos antropológicamente. Después por un largo período creí que el logos nos aconsejaba que trabajáramos su mensaje de nosotros y para nosotros y desde nosotros. Entonces trabajé una poesía de línea social, una especie de neoética con matices líricos[4].

 

Paisajes varios lo acogieron, asimismo, en una búsqueda constante de su centro y poblándose fue pues, de geografías y pasos que, como anotara el escritor y autor costarricense Álvaro Mata Guillé, hicieran que en América Latina realizara un trabajo invaluable como promotor cultural y fuera asimismo un distinguido docente universitario[5]. En Costa Rica, en las décadas de los 50 y los 60 hizo trabajos de índole varia. Llegó desde Venezuela con un pasaporte regalado (pero real), dada la condición de indocumentado con la que había llegado desde España. “Sabía latín, pero no encontraba trabajo porque no tenía dinero para comprarme unos calcetines[6]. Trabajó de constructor, de conserje en la redacción de La Prensa Libre y terminó haciendo trabajos de corrección y participando en, o bien dirigiendo, círculos de poesía que lo llevarían a establecer contacto con personas que luego marcarían una pauta importante en la vida de Costa Rica, entre las que cabe mencionar a Carlos Luis Fallas Calufa, Carlos Salazar Herrera, Rodrigo Carazo, Carlos Luis Sáenz, Fabián Dobles, Carlos Duverrán, Daniel Oduber, Luis Alberto Mongey Néstor Zeledón Guzmán, entre otros. Regresó a Venezuela en 1961. Estudió filosofía en la Universidad Central de Venezuela, de la cual fuera luego docente, así como en la Universidad Central Simón Rodríguez. Escribe una tesis sobre la ética incursa en El capital, de Karl Marx que combina con su amor y dedicación por los griegos, particularmente los presocráticos.En Venezuela realizó una labor editorial igualmente prolífica, en la que destaca el haber sido el primer editor de Ernesto Cardenal, editor de varios libros del poeta gallego Celso Emilio Ferreiro, el primer editor de El Evangelio en Solentiname, cuya primera edición prologa con un ensayo teológico poco difundido. Fue, asimismo, un fuerte promotor de la pintura primitivista nicaragüense en Caracas. Consultor y corrector de varios presidentes, tanto en lo formal como en lo conceptual, Antidio fue sobretodo un enamorado del arte popular y de la voz profunda del pueblo, voz que encontró prístina y articulada en la expresión cultural centroamericana y por la que sentía particular respeto.

 

Regresó a Costa Rica en 1976 y, en la Universidad Nacional, se dedicó a la docencia en la Escuela de Filosofía, en la Escuela de Ciencias Ecuménicas (en donde dictaba el curso de Cristianismo y Marxismo) y en otras escuelas en las que dictó cursos sobre ética.

 

 

En Costa Rica desarrolló, igualmente, una continua pero vigorosa actividad editorial. Fue editor de la Revista Combate, que publicara artículos de Víctor Haya de la Torre, Rómulo Betancourt, Salvador Allende, José Figueres y Daniel Oduber, entre otros. Fue, también, fundador de la editorial de la UNA, de la Colección Oro y Barro; director del suplemento cultural Forja del Semanario de la Universidad de Costa Rica, y responsable de articular las revistas de las escuelas de Veterinaria y Ciencias Ambientales de la Universidad Nacional. Fue decano del Centro de Investigación y Extensión de las Artes en esta misma institución; su logro más destacado en su gestión, consistió en la creación del Teatro de las Artes de dicha universidad.

 

 

La poesía de Antidio Cabal es fecunda y prolija. Entre sus líneas escriturales se encuentra lo que él mismo ha denominado la poesía del yo y la poesía del nosotros. Una poesía más íntima, personal, con preocupaciones más ontológicas y otra más social, más antropológica, antropocéntrica, así la llamaría él. En la línea del yo se encuentran sus poemarios Poesía y error, Cancionero del yo, Campo Nublo, Barranco y otros once títulos publicados bajo el sello de Idea; en la línea del nosotros se encuentran sus poemas largos como Esta España que decimos, Canción para un asesino, Cantar de Gesta de Juanito Mora y los libros Gran Tiempo[7] y La Costa Rica (edición parcial). Editor activo de otros se preocupó poco por publicar su propio trabajo poético y mucha de su obra permanece inédita. Antidio se nos empieza a descubrir de manera permanente a partir del 2005, cuando gana el premio Pedro García Cabrera concedido por Caja Canarias, con la obra poética titulada Barranco, momento a partir del cual se comienzan a publicar varios poemarios de la década de los 40 a la década de los 60, seguidos por otros títulos de más reciente producción.

 

Las contribuciones de Antidio a Costa Rica, de este costarricense nacido en España, han sido muchas y de varia naturaleza, pero una semblanza suya no estaría completa sin resaltar dos elementos, uno histórico y el otro personal.

 

Antidio nos devolvió a Juanito Mora, nos lo rescató para nuestra historia y le dio un lugar en el concierto ideológico latinoamericano al determinar históricamente que el concepto morista de antiimperialismo precede al concepto martiano[8]:

 

“Juanito Mora fue el primero en Hispanoamérica –tanto en la teoría y en la práctica de la teoría como en el análisis, diagnóstico y medicación–, en captar cognoscitivo-continentalmente, en su alcance total contra nuestros pueblos y países, el programa de la Doctrina Monroe y el proyecto del Destino Manifiesto dirigidos a la extinción de algunos de ellos, en unos casos, y de la mutilación histórico-territorial de otros, de México a la Patagonia, hasta la Antártida exactamente. (…) El temblor de espíritu que causó en la América Española –todavía no era Latinoamérica– el despojo de México por Estados Unidos –despojo sucedido cuarenta años después de haberse apoderado de La Florida– debió de haber desencadenado en Juanito Mora ese su pensamiento analítico de primer orden sobre el destino histórico de la unidad y de la identidad humanas de México a la Argentina. Él se anticipó a José Martí –quien estuvo en Costa Rica en 1893 y 1894–, que no supo o no pudo, por carencia de principio substantivo de noticia, aprehender la hispanoamericana cirugía antiimperialista de Juanito Mora (…). Juanito Mora es el primero, por los hechos y la conciencia, en la lista de los nuevos libertadores de América en lucha contra el imperialismo norteamericano (…) La proclama del día 1 de marzo de 1856 es el documento con que nuestros países y pueblos nacen al conocimiento de su situación frente a Estados Unidos y el punto de arranque en la búsqueda de nuestra verdadera personalidad y su logro”[9].

 

Antidio fue un hombre que vivió y se definió en torno a la ética, y a la conducta por ella comportada. La ética no era tan solo un tema central en sus lecciones, también lo fue en su vida. Como disciplina personal y moral, como logos. Fue un norte en su línea existencial, en su comportamiento vital. Un hombre que nunca comprometió su palabra si esta no iba acompañada de un acto, que tomó decisiones que llegaron a comprometer su status quo pero no sus principios. De la misma forma, se alejó de las así llamadas élites intelectuales y prefirió el aislamiento antes de verse envuelto en dinámicas de poder no siempre claras, no siempre transparentes. Llamó amigo a quien lo era y enemigo a quien tenía esa calidad. Conscientemente se apartó de quienes obviaban principios morales, en cualquier instancia, desde la cultural y académica hasta la poética y personal. “Yo siempre he evitado entrar en contacto con los prohombres. Jamás acepté sus invitaciones. Y cuando un amigo mío llegaba a ministro o a presidente, simplemente por razones estéticas y de relaciones personales no lo volvía a tratar hasta que dejaba su cargo. Es una lección que aprendí a tiempo[10].

 

Su posición, por tanto, lo llevó no solo al exilio propiamente dicho, sino a esa doble condición de ser exiliado en el exilio. Esta determinación y modus vivendi lo condujo siempre a chocar con la complacencia, con la ausencia de principios, particularmente, en una época donde el cinismo es la regla. Es de todo punto vital recalcar esta visión y actuar de quien hoy nos ocupa, pues dimensiona tanto su obra como su postura ante el mundo.

 

 

Y murió así como vivió: lúcido hasta el último momento, de manera profunda y honesta, ética, decidió cómo transitar hacia la muerte; cómo partir para así llegar. Presenciar su partida hacia el sueño fue precisamente verificar que Antidio llegó a tiempo para encontrarse consigo mismo, en un acto final de esencia y no de estancia.

 

"Los tres estados de la materia son: el póetico, el presocrático y ambos"(Campo Nublo, 1956)

 

Agradecimientos

 

A Álvaro Mata, por sus contribuciones y comentarios a esta nota.

A Pablo Peñate Cillero, por la documentación facilitada.

 


 

 



*    La autora tiene un doctorado en Lingüística Hispánica por la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign y es docente de Lingüística Hispánica, Español como Segunda Lengua y Civilización y Cultura Latinoamericanas en la Western Illinois University.

 

[1]    Naranjo, J. Emigración canaria a Venezuela. Entrevista a Antidio Cabal. Canarias 7. Domingo 18 de noviembre de 2000. Pág. 18. En diversos artículos y entrevistas, se da cierta vacilación en la fecha de salida de Antidio Cabal de las Islas Canarias. Nos acogemos a la fecha dada en esta entrevista por una razón cronológica y por otra razón, esta vez, de naturaleza esencial. La no existencia de ejército en Costa Rica fue la razón clave para que el poeta escogiera a este país como su sitio de residencia. Si bien la anulación del ejército en Costa Rica se proclamó en 1948, la ratificación constitucional de la abolición del ejército se da el 31 de octubre de 1949 (Álvaro Mata Guillé, comunicación personal).

 

[2]    Rodríguez, Domingo. Antidio Cabal. Poeta. Tenemos que universalizar lo propio. Punto de vista: Pleamar. Canarias 7. Miércoles 13 de enero de 1999.

 

 

[3]    Comunicado hecho público a través del Diario de Las Palmas. 2 de agosto de 1915; 9 de agosto de 1915. Colección Hemeroteca Digital. Biblioteca Universitaria. Universidad de la Laguna de Las Palmas de Gran Canaria.

 

[4]    De Santa Ana, M. La civilización occidental tiene un limitado concepto del conocimiento. Entrevista a Antidio Cabal. La Provincia. Palmas de Gran Canaria. Jueves 23 de abril de 1998. Pág. 36/IV.

 

[5]    Mata Guillé, A. Antidio Cabal: Un año y unas horas. Revista Variopinto. México. Noviembre, 2013.

 

[6]    Naranjo, J. Emigración canaria a Venezuela. Entrevista a Antidio Cabal. Canarias 7. Domingo 18 de noviembre de 2000. Pág. 18.

 

[7]    Gran tiempo es parte de un libro más extenso cuya reciente edición, completa, en conjunción con otros poemas, se publica por primera vez bajo el título de Poesía de Uso (Amargord Ediciones, España, 2013).

 

[8]    Cabal, A. Cantar de Gesta de Juanito Mora. Ediciones La Cruceta. Más Cultura Producciones. San José, Costa Rica. 2011.

 

[9]    Cabal, A. Cantar de Gesta de Juanito Mora, pp.10-14.

 

[10]  Rodríguez, Domingo. Antidio Cabal. Poeta. Tenemos que universalizar lo propio. Punto de vista: Pleamar. Canarias 7. Miércoles 13 de enero de 1999.

 

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