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Deslindes: ¿Planificación urbana? Columna de Adriano Corrales Arias.

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¿Planificación urbana?

 

Deslindes / Columna de Adriano Corrales Arias

 

 

Usar auto para ir al centro de la ciudad capital es un delirio y una irresponsabilidad: se colabora con el atascamiento y la contaminación. Por ello viajo en bus a mi trabajo. Pero ayer (10 de mayo) tardé 1 hora con 45 minutos desde el centro de San José a mi casa en Vargas Araya, Montes de Oca. Eran las 5:30 de la tarde, llovía torrencialmente y cerraron las ventanas del automotor. Nos sofocábamos. Aquello era una auténtica lata de sardinas deslizándose por la costa del Pacífico o del Caribe. Y la calle un río de autos, camiones, buses y peatones. Más el agua, se entiende.

 

Llegué a mi casa ensopado, agotado, malhumorado. Para remate, me entero, en uno de los telenoticieros (que casi nunca veo por su sesgo ideológico y por el énfasis en la página roja), de que un estudio técnico realizado por el Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR), listo para implementar la sectorización de rutas de autobús en Desamparados, el cantón más poblado de la hipertrofiada GAM, fue desechado por la viceministra de Transportes. Según sabemos, la sectorización del transporte público es un proceso que está varado desde el año 2000, su objetivo es reordenar el sistema de autobuses y disminuir la cantidad de unidades que ingresan todos los días al centro de San José y, con esto, reducir el congestionamiento vial.

 

El plan del Tecnológico, encargado por el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT), desde 2015, tenía preparado el esquema de 34 líneas a 1 troncal, 2 periféricas y 5 alimentadoras para reordenar el transporte público en ese cantón. La propuesta incluía los puntos donde se ubicarían las paradas, características de las estaciones, diseño de las tarjetas prepago, ejes de intercambio para peatones y ciclistas, materiales informativos para usuarios y hasta un cartel de licitación para la construcción de una terminal de transbordo en el centro de Desamparados. El programa, además, incluía la preparación de planes para otros sectores de la Gran Área Metropolitana (GAM).

 

La señora viceministra, nos enteramos luego, laboró en los últimos años para la empresa autobusera Cesmag como consultora. Asumió su función en el año 2016. Los servicios del ITCR al MOPT se acordaron gracias a un convenio de cooperación firmado, en octubre de 2015, por el entonces ministro de Obras Públicas y Transportes, Carlos Segnini. El acuerdo vencía en octubre de 2016 y se podía prorrogar por un año más; empero, por la decisión de la viceministra no se continuó. Tomás Martínez, coordinador del Proyecto de Fortalecimiento de la Gestión Pública Urbano Territorial del ITCR, en declaraciones a La Nación S. A., afirmó que el despacho de la vicemisitra les comunicó que no renovarían el contrato porque el original lo había firmado el MOPT y, en realidad, era el Consejo de Transporte Público (CTP) quien tenía que hacerlo: “Nos dijeron que el convenio estaba mal porque lo había firmado el ministro (Segnini) y que, lamentablemente, el ministro no tenía ninguna potestad en este caso, sino que eso le correspondía al CTP, nos dijeron que harían una versión nueva y, por último, nos informaron que la versión nueva estaba siendo valorada”.

 

En el trabajo del Tecnológico participaron 7 profesionales en ingeniería y arquitectura. “El estudio se invisibilizó, siento que a los autobuseros les preocupó ver la información que teníamos lista, la disposición del sector privado para hacer las estaciones y la conformación de Sociedades de Economía Mixta (para el desarrollo de terminales de transbordo), esas tres cosas pusieron en alerta a los transportistas”, agregó Martínez. Al respecto, el actual jerarca de Obras Públicas y Transportes, Carlos Villalta, manifestó: “Entiendo que la metodología utilizada por el Tecnológico para hacer los conteos (de pasajeros) no fueron los ideales”. ¡Habrase visto desautorización o ninguneo a un alto equipo profesional y académico!

 

Queda claro que en este tema, como en el de la planificación urbana y los problemas acuciantes del país en general, la empresa privada es la que finalmente decide y “toma las decisiones”. En el caso que nos ocupa, no queda duda de que se le entregó a los empresarios el control absoluto. La propuesta del Instituto Tecnológico le da prioridad al transporte público y a la democratización del espacio, esto obviamente asusta y pone en guardia a los transportistas. Así, la “justificación” que se le ofrece al Tecnológico es un pretexto para no asumir con contundencia el tema de sectorización, toda vez que atenta contra los intereses privados de los autobuseros.

 

Aparte de que cada vez más se obvia (se ningunea) el trabajo técnico y científico de las universidades públicas (sobre todo en lo referido a la ampliación de la democracia y la justicia social), este amargo acontecimiento devela aún más el contubernio que tiene la empresa privada con los principales órganos del estado intervenido por los neoliberales. Es claro que la concesión de obra pública, por ejemplo, transita por ese mismo andarivel. Por ello un ministerio estratégico como el MOPT aparece atado de manos, no solo por sus jerarcas, sino por un nudo gordiano interno donde las garras de la empresa privada (¡que produce libertad!) han metido más que mano. A lo mejor por eso mismo debió renunciar el primer ministro de este gobierno, el señor Segnini, quien había prometido depurar esa instancia de todo tipo de corruptelas. Ya vemos que topó con un muro inexpugnable. El mismo con el que choca la sociedad civil cotidianamente.

 

 

 

¿Habrá quien, con sustantiva seriedad, denuncie y arremeta contra estas arbitrariedades y contra la galopante privatización de la zona pública? Se ve muy difícil en un país que carece de verdadera oposición y donde no se avizora un proyecto político coherente y sólido que plantee la defensa del estado solidario y su intensificación. Mientras tanto, las megaciudades seguirán creciendo con su hipertrofia conurbanizada (la GAM –San José, Alajuela, Heredia, Cartago– será la ciudad más grande y problemática de Centroamérica), y los ciudadanos de a pie, como este escribidor, seguiremos enlatados en un caos urbano inimaginable. Y el otrora Estado Benefactor devendrá en un estado corporativo al servicio de los grandes empresarios y las voraces transnacionales metropolitanas. He allí la gran distopía tica.

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