Frase

  • He visto las cosas enviadas al rey desde la nueva tierra del sol. En todos los días de mi vida, no he visto nada que regocije mi corazón tanto como estas cosas, pues en ellas vi obras de arte, que me hicieron asombrarme ante el sutil ingenio de los pueblos de esas tierras extrañas.

     

    Alberto Durero, 1520

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Deslindes: ¿Un país que se nos escapa? Columna de Adriano Corrales Arias.

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¿Un país que se nos escapa?

 

Deslindes / Columna de Adriano Corrales Arias

 

 

Escribo esta columna en la segunda semana de huelga indefinida convocada por la Unión Sindical de empleados públicos y otras organizaciones de trabajadores en contra del plan fiscal del Gobierno, mejor conocido como combo fiscal. Y hoy lunes 17 de setiembre, luego de la invasión a la universidad de Costa Rica, en persecución de un grupo de estudiantes y en una clara violación de la autonomía universitaria, el Gobierno decidió enviar los antimotines a reprimir duramente a los huelguistas en Moín de Limón y Barranca de Puntarenas. Y, si por la víspera se saca el día, la misma arreciará.

 

La represión policial en nuestro país no es nueva. Durante los últimos cuarenta años, para no ir muy lejos, no ha habido reclamo social de trabajadores o sectores populares que no haya sido reprimido de una u otra manera, especialmente luego de que se aprobaran leyes que criminalizan la protesta social. La que sí es nueva es una coyuntura cargada de polarización social y política, violencia simbólica, ataques personales, acusaciones de sabotajes y hasta amenazas de muerte, orquestadas por los medios comerciales de información, así como por algunos trolls en las redes sociales y, de cierto modo, patentadas por las altas esferas del actual Gobierno. Eso llama poderosamente la atención. Y produce temor en amplios sectores.

 

Tengo para mí que, parangonando a las metrópolis imperiales, el miedo ha sido el arma que más han utilizado los sectores dominantes de este país para domesticar a las multitudes. Cual juego de simulaciones, lo han venido aplicando sucintamente para confrontar a ciertos sectores con otros en los últimos dos años: primero a partir de la educación sexual en los colegios; después con base en la legalización del aborto; más tarde alrededor del matrimonio entre diferentes sexos, y, finalmente, entre la invasión neopentecostal (“teología de la prosperidad”) y católicos o ateos, o fundamentalistas y demócratas, en un espeso marco electoral. Estas confrontaciones han permitido que la sociedad costarricense, cooptada por una educación vaciada de contenidos e intoxicada por el discurso único de los mass media, así como de los ideólogos y políticos neoliberales de turno, asome sus fauces más oscuras: la xenofobia y aporofobia, el neofascismo doméstico travestido de diversos colores, entre ellos religiosos, y una franca escalada en contra de la tolerancia y la legalidad instituida, es decir, contra el Estado social de derecho o lo que resta de él.

 

Si a lo anterior se le agrega el crecimiento desmedido de la desigualdad económica y, por ende, de la brecha social en los últimos treinta años (Costa Rica es el noveno país con mayor desigualdad económica en el mundo, según un estudio del Banco Mundial, https://elperiodicocr.com/costa-rica-es-el-noveno-pais-con-mas-desigualdad-economica-del-mundo-segun-estudio-del-banco-mundial/), la alta incidencia del crimen organizado, la corrupción estatal en sus tres poderes (¿narcopolítica?) y un creciente descontento con el sistema “democrático”, pues ya tenemos un escenario más que crítico para entender que la crisis es estructural y que, para resolverla, se deben hacer cambios profundos, es decir, estructurales.

 

La pregunta ineludible es, ¿cuáles son esos cambios y cómo deben realizarse? Interrogante más que intrincada, sin duda. La respuesta obligatoria, aunque parezca de perogrullo, es la siguiente: construir un nuevo orden social que, asentado en una justa distribución de la riqueza, permita verdaderas opciones a los sectores más vulnerables y pauperizados por la contrarreforma neoliberal. Al interior de esa respuesta general y en la disputa coyuntural, se comprende que, para enfrentar la desigualdad, se debe establecer una política fiscal progresiva y justa que garantice el pago de impuestos de acuerdo con el nivel de ingreso, así como, por supuesto, enfrentar y eliminar la evasión y elusión fiscales. Pero, antes de eso, es de capital importancia el fortalecimiento del sistema educativo, para que la educación se torne en el motor que históricamente disminuya la pobreza y la desigualdad. Igual la creación de nuevas, estables y encadenadas formas productivas y fuentes de trabajo precisa la consecución de un sistema más equitativo en el reparto de riquezas; en otra palabras, que se favorezca el crecimiento económico pero con equidad e inclusión social. 

 

La sociedad costarricense debe consensuar la premisa de que la pobreza y la desigualdad son éticamente inaceptables. Para ello, es preciso alcanzar un nuevo pacto social que reconozca la pobreza de manera integral y que reconsidere la educación, la salud, el empleo, la vivienda, la soberanía alimentaria y ecológica, la cultura, el esparcimiento, entre otras prioridades, como obligaciones de un Estado solidario y decolonial de nuevo cuño que esté a la altura de los grandes desafíos del siglo XXI. Dicho de otro modo, y como ya lo han planteado algunos intelectuales y activistas sociopolíticos, se trata de la fundación de una Tercera República que recupere lo mejor de la Segunda y eche a andar un nuevo proyecto socioeconómico y cultural enraizado en lo más valioso de nuestras tradiciones, pero abierto al mundo global desde una perspectiva de paz, justicia, equidad y solidaridad planetarias.

A esta altura de la columna, salta una cuestión aún más tremenda que nos inquieta y nos confronta en términos de pesimismo o esperanza: ¿está el país realmente preparado para un pacto social de nuevo cuño como el que planteamos? ¿La Costa Rica desigual, polarizada, intoxicada ideológicamente y, por ello mismo, caldeada posee la solvencia moral, las fuerzas motrices y la voluntad organizada para tan proteica tarea? Tal y como apostillaba sospechosa, enjundiosa y jocosamente mi madre: “es allí donde está la perra tirándose el caldo”.

 

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