Frase

  • “En River, el protagonista es un típico analógico inadaptado que lee libros y escucha discos de vinilo. Su compañero señala una vez una pared forrada de estanterías de discos de vinilo y le dice: “¿Sabes que puedes meter toda esa música en el teléfono?”; “¿Y para qué cojones iba a hacer eso?” responde River. “Para tener más espacio”. “¿Y para qué quiero más espacio?” Esto es algo que los millenials tal vez no entiendan, pero los discos y los libros no roban espacio: una de las razones por las que queríamos tener una casa era para llenarla de discos y libros. Una de las razones por las que yo quise ganar un sueldo fue para gastármelo también en discos y libros. Supongo que son anhelos incomprensibles hoy.”

     

    Sergio del Molino, en Xpgigirey

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Deslindes: Costa Rica en transición. Columna de Adriano Corrales Arias.

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Costa Rica en transición

 

Deslindes / Columna de Adriano Corrales Arias

 

 

Es ineludible no referirse a la actual coyuntura política que atraviesa nuestro país, enmarcada en la crisis estructural que padecemos en el nivel global. Luego de una campaña electoral tensa y amenazante, las aguas retornan al nivel deseado con el triunfo de la Coalición Costa Rica que le dio el gane al Partido Acción Ciudadana (PAC) en segunda ronda, cuyo candidato, el escritor y profesional Carlos Alvarado, supo sortear el embate neo fundamentalista en dos frentes: el religioso y el económico. Sin embargo, los grandes problemas, contradicciones y desafíos nacionales y, claro está, internacionales, persisten.

 

Ahora tenemos claro que estamos en un período de transición, aunque no sepamos, a ciencia cierta, hacia dónde nos llevará. Lo que resulta evidente, de manera más que dramática, es que el sistema-mundo político, económico y social ya no es sostenible. Las desigualdades crecen de manera exponencial y nos retrotraen, tanto en el ámbito internacional como nacional, al periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial. Hace diez años, por ejemplo, 652 personas poseían la misma riqueza que el conjunto de dos mil trescientos millones de personas. Hoy solo son ocho.

 

Según las proyecciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los jóvenes europeos que ahora tienen 18 años se jubilarán con una pensión mensual promedio de 632 euros. A pesar de los discursos oficiales, somos parte de la indiferencia general sobre los dos grados centígrados de aumento de la temperatura en la atmósfera desde 1854, considerado como el límite para que ocurran cambios irreversibles en el planeta. Las finanzas se fugan de la economía creando un mundo propio en el cual actúan sin control de los organismos internacionales, así, las transacciones financieras diarias son cuarenta veces superiores a la producción mundial de bienes y servicios. Los bancos más importantes han pagado, desde 2009 al día de hoy, algo así como 800 mil millones de dólares en multas por operaciones ilegales. La participación política descendió un promedio del 86% en 1960 al 63.7% de hoy (datos de Roberto Savio en Reflexiones sobre la crisis, Revista Sur y Sur, 6 de abril, 2018. Recuperado en: http://www.surysur.net/61780-2/).

 

En nuestro país el Banco Central pronostica que el déficit financiero del Gobierno Central alcanzaría el equivalente a 7.1% y 7.9% del PIB en el lapso 2018-2019, en ese orden, mientras que el déficit para el Sector Público Global Reducido (que incluye el Gobierno, el Banco Central y seis instituciones públicas) se ubicaría en 6,6% del PIB durante 2018 y 7.4% del PIB en el 2019. El 2017 había cerrado como el año con el déficit fiscal más alto en la historia de los registros del Banco Central, al alcanzar 6.2% del PIB. Según el Banco, esa cifra se debió a un mayor crecimiento del gasto total (9,1%) respecto al de la recaudación tributaria (5.3%). ¡Alarmante sin duda!

 

Por otra parte, la reforma tributaria (“combo fiscal") en la corriente legislativa, pretende incluir regulaciones sobre el pago de anualidades, dedicación exclusiva, prohibición y otras, en sectores institucionales del empleo público que no tienen relación alguna con el déficit, tales como las municipalidades, el INS, Recope, Japdeva, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y otras. Es claro que el principal disparador del gasto público es el pago de los intereses de la deuda en cantidades tales, que ningún paquete fiscal servirá si no se hace algo en relación con esa astronómica deuda. Se está hablando, prácticamente, de 4 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB), solamente en pago de intereses para este 2018; por tanto, el pago de los intereses demanda cada día, cada 24 horas, una cifra cercana a los 4 mil millones de colones.

 

Y es que el frío no está en las cobijas, mucho menos en el empleo público. ¡Los salarios públicos no son los responsables del déficit fiscal! Es obvio que la precaria situación financiera estatal se debe a la evasión y elusión del pago de impuestos y a la “incapacidad” de hacienda para el cobro respectivo a los grandes consorcios nacionales y transnacionales, que no solo evaden sino que eluden el pago de sus responsabilidades sociales. Setenta de cada cien empresas acuden a estrategias comerciales para evadir el 100% del pago del impuesto de la renta o para pagar un porcentaje menor al que les corresponde sobre las utilidades de sus negocios. El impuesto, que actualmente se ubica entre 10% y 30% anual, es burlado por tácticas que en la mayoría de los casos son permitidas por la legislación pues no se detecta delito alguno cuando se envían a los Tribunales de Justicia. Según Hacienda, el porcentaje de evasión en personas jurídicas se mantiene en alrededor de un 70% con pocas variaciones desde el 2015, ya que no se han aprobado modificaciones importantes en la Asamblea Legislativa.

 

Pero, además, hay agudas problemáticas que atender: distancia entre las grandes ventajas y privilegios de empresas extranjeras y nacionales, sobre todo pequeñas y medianas; desequilibrios ambientales: actividades extractivistas, monocultivos como piña, banano y cítricos, versus fuentes de agua limpia para el consumo humano en muchas comunidades; la pesada carga tributaria que recae en los sectores asalariados y más pobres a través de impuestos indirectos y salariales; los salariazos de jerarcas de instituciones públicas o mandos gerenciales de empresas privadas frente a los escuálidos salarios de gran parte de la clase trabajadora con incumplimiento de derechos laborales básicos como salario mínimo, pago de horas extra, seguro social o la subdeclaración salarial ante la CCSS; crecimiento desordenado de nuestras ciudades, de la cultura consumista y del automóvil y ausencia de inversión en infraestructura vial y de planificación en un país y en ciudades pequeñas donde todo está muy cerca pero los tiempos de desplazamiento son elevados para un sistema de transporte público ineficiente y poco amigable con el ambiente; reconocimiento de derechos humanos a unos y negación de los mismos a otros: mujeres, minorías étnicas, pueblos originarios, grupos de la diversidad sexual; acceso a los servicios públicos y las oportunidades para el desarrollo que se ofrece en el Valle Central y la exclusión que enfrentan habitantes de las zonas periféricas: territorios costeros, zonas fronterizas y de montaña. Y un largo etcétera.

 

En fin, la transición no será plácida. Dependerá en mucho de la consistencia de esa nueva fuerza social y política denominada “Coalición Nacional”, la cual deberá reorganizarse (¿hacia un nuevo proyecto político?) de cara a la fiscalización del nuevo gobierno y del impulso a los proyectos ciudadanos que enfrenten y ofrezcan soluciones prontas y cumplidas a las problemáticas señaladas. Es necesario incentivar la participación ciudadana y ofrecer alternativas con, ojalá, algunas reformas constitucionales y electorales (¡el estado laico es más que urgente!) que permitan la participación individual y colectiva de manera más heterárquica en la gestión política. Es decir, la profundización de nuestra democracia formal en términos económicos y socioculturales para paliar las monstruosas inequidades, y, naturalmente, la necesaria secularización de una sociedad harto compleja e intoxicada por el discurso único de los mass media y por fundamentalismos transnacionales. Sí, estimados lectores, la tarea no será fácil.

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