Frase

  • “En River, el protagonista es un típico analógico inadaptado que lee libros y escucha discos de vinilo. Su compañero señala una vez una pared forrada de estanterías de discos de vinilo y le dice: “¿Sabes que puedes meter toda esa música en el teléfono?”; “¿Y para qué cojones iba a hacer eso?” responde River. “Para tener más espacio”. “¿Y para qué quiero más espacio?” Esto es algo que los millenials tal vez no entiendan, pero los discos y los libros no roban espacio: una de las razones por las que queríamos tener una casa era para llenarla de discos y libros. Una de las razones por las que yo quise ganar un sueldo fue para gastármelo también en discos y libros. Supongo que son anhelos incomprensibles hoy.”

     

    Sergio del Molino, en Xpgigirey

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Crepúsculo: Docencia y ruptura. Columna de Felipe Ovares.

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Docencia y ruptura

 

Crepúsculo / Columna de Felipe

 

 

Hablar de ruptura en una universidad agobiada por decenas de reglamentos parece un chiste de mal gusto. Cuando vine a trabajar a este lugar, hace casi treinta años, la Universidad era un elefante joven que podía correr, mover las orejas y el moco con soltura y con gracia. Corrió mucha agua por el Pirro. El elefante maduró y lo empapelamos con miles de hojas donde se explica, a veces en un seudolenguaje, lo que es bueno y lo que es malo. Varias decenas de reglamentos le señalan el laberinto que debe recorrer.

 

Debemos de reconocer que la idea, hablar de docencia y ruptura durante el Congreso Transformando la docencia en la UNA, bajó de la Vicerrectoría de Docencia y ese detalle tiene mérito. Quiero decir que existe, al menos, la intención de tratar el tema, aunque, con muchísima certeza, no pasemos de eso: de las buenas intenciones. Romper el paradigma mecanicista del entramado universitario es complicado, doloroso y atrevido. Solo el intento levanta roncha. Atreverse a hacer una docencia diferente nos mete en una complicada actuación, nos señala, nos ridiculiza. Recuerdo a un querido profesor, ya pensionado, que hace muchos años empezó a utilizar el cine como mediación pedagógica en sus clases de Filosofía. Era el hazmerreír de sus colegas. Y como el tiempo cosecha sus venganzas a manos llenas, sus retractores acabaron imitando sus desacatos académicos, mucho tiempo después, cuando algún ungido extranjero argumentó que aquello era bueno y saludable. Hoy sabemos, por ejemplo, que el ejercicio de leer una novela es un tema en retirada, las series y las miniseries están dándole el golpe definitivo a ese viejo placer de leer. Sencillamente aquello era bueno. Quitarle hojas al pobre elefante, revelarle las partes íntimas y poder darle nalgaditas para que se desperece y recuerde que no es de madera como el caballo de Troya, eso también será bueno. Para lograrlo necesitamos la ruptura. Pero, la ruptura está escorada del lado de la desobediencia y del mal habido caos, de ahí que el atrevimiento de llamar a este congreso “Docencia y ruptura” me guste tanto. De la ruptura han surgido las grandes ideas, los grandes inventos.

 

En la convocatoria se lee lo siguiente: “Con este congreso universitario buscamos generar un proceso reflexivo en torno al quehacer universitario, que permita generar acuerdos institucionales en relación con el rumbo de la docencia en la UNA. Asimismo, se pretende impulsar y consolidar los procesos de transformación educativa que permitan dar el paso de una “entrega de la docencia” centrada en los docentes y en los contenidos a una docencia centrada en los procesos y experiencias de aprendizaje y en los sujetos aprendientes”. Suena maravilloso, ojalá se alcancen los objetivos y no nos empantanemos, como el pobre elefante, en las buenas intenciones.

 

Veamos solo algunos ejemplos para desnudar nuestra impotencia al intentar hacer una ruptura en nuestra docencia, por supuesto que hay más. Las enumero, son tres:

 

1.    Podríamos eliminar la carta del estudiante de los cursos. Según asesoría jurídica es un documento sin valor jurídico. Se va a impartir el curso X, se va a usar el libro de texto X. Y listo.

2.    Se pueden eliminar las anquilosadas cátedras que obligan a los profesores a hacer lo mismo, a decir lo mismo. Son tan ridículas que acaban siendo una secta seudoreligiosa, con ungido incluido. ¿Por qué mejor no metemos a los 200 estudiantes en un auditorio y el curso lo imparte el iluminado de la cátedra?

3.    ¿Se pueden eliminar los exámenes?

 

Un buen profesor, visto en nuestro medio, según ciertos cánones, es aquel que tiene el poder de firmar en el acta final de notas la defunción de 27 de los 30 estudiantes que iniciaron el curso. Usted es sujeto de burla por parte de sus colegas si en sus cursos sucede lo contrario.

 

 

Insisto, me encantan las buenas intenciones de nuestro Vicerrector de Docencia, don Norman Solórzano Alfaro al lanzarse a la arena con semejante toro enfrente. El pasado 28 de febrero, a las 9:00 a.m., en el Auditorio Clodomiro Picado Twight, se inauguró el congreso, cuyas actividades se prolongarán durante todo el año. Tuve la suerte de ser invitado a ese acto inaugural y compartir el escenario en un conversatorio moderado por Norman, con Juana María Coto, docente jubilada de la UNA, Susan Francis, coordinadora del proyecto Docencia Multiversa de la Universidad de Costa Rica y Ronny Gutiérrez, estudiante de la carrera de Enseñanza del Inglés en la UNA. Es rescatable el hecho que desde el inicio el congreso se engalanó con aires de ruptura, muy diferente al decorado tradicional. Enhorabuena y muchos éxitos, que la docencia necesita un refrescamiento novedoso y atrevido.

 

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