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Reflexiones sobre el papel de la televisión y el video en la universidad. Efraín Cavallini. Universidad vs. televisión y vídeo

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Desde el surgimiento de las universidades, el libro se constituyó en el medio por excelencia para la preservación y transmisión del conocimiento. La imprenta vino a quitarle el monopolio sapiencial a los abates y monjes escribanos y a darles mayor trabajo a los santos inquisidores y demás grupos censurantes.

En nuestra época, vivimos en las décadas de la imagen, del rápido consumo de información y el conocimiento encapsulado; lo extraño de esto es que ante tan contundente realidad, los universitarios nos hayamos dedicado durante mucho tiempo a acumular reflexiones, improperios y hasta bajar la cabeza ante medios como la radio, el vídeo, y la televisión, en lugar de usarlos inteligentemente. Bastaría hacer un balance para darnos cuenta que existen más escritos en torno a la crítica y el análisis de estos medios, que acciones y respuestas creativas en el uso de ellos.

Las formas y los medios con que las universidades transmiten la cultura y el conocimiento que generan han sufrido un rezago considerable, por lo menos en los países de Latinoamérica. Esto coloca a las universidades en una situación semejante a  la de  las bibliotecas medievales, que preservaban el conocimiento, para unos cuantos elegidos.

Hay quien podría refutar lo anterior y señalar que no es del todo cierto, ya que una actividad largamente desarrollada por las universidades ha sido la publicación de libros, memorias, tesis y revistas de diversos carácter y estilo. Sin embargo, difícilmente se puede afirmar que las publicaciones universitarias tengan gran repercusión.

Habría que añadir a este panorama, el hecho de que el deporte más practicado en nuestro medio es el de la televisión y que por consecuencia, en ocasiones, en algunos sectores es de mayor importancia lo que se afirma en los Noticiarios Televisivos, o lo que presenta “Cristina” y los programas parecidos; por señalar alguno. Pero es necesario precisar que estos ejemplos tienen una mayor credibilidad y aceptación que lo que afirma un buen libro o un catedrático universitario de larga trayectoria. De tal manera no queda otro camino, que enfrentar los hechos de la mejor manera, es decir, emplear las herramientas que la tecnología ha puesto a nuestro alcance en las últimas décadas.

Breve panorama de la televisión universitaria

La tarea de transformar los esquemas de comunicación de las universidades no es una tarea fácil, es todo un reto, incluso cuando el esquema es incipiente o meramente existe en la imaginación de las autoridades universitarias. Un panorama general del estado de los medios audiovisuales, vídeo y televisión principalmente, nos permite constatar un desigual desarrollo: existen instituciones de Educación Superior que sólo cuentan con las ganas de producir y una pequeña cámara casera (esas que se usan para grabar las bodas, y eventos sociales), hasta aquellas que poseen un canal propio y aceptables equipos en sus diferentes facultades. En consecuencia, la producción refleja también ese estado de cosas: desde el vídeo de “cámara temblorosa” que nos muestra a un profesor escribiendo en un pizarrón, hasta series de contenido didáctico y experimental de excelente calidad.

Asimismo, el hecho de que el vídeo y la televisión universitaria estén sujetos a los ritmos administrativos de las instituciones de Educación Superior hace más difícil la continuidad del trabajo en este campo.

¿Pueden las universidades plantear proyectos de interés para ser producidos audiovisualmente y hacer uso del medio para comunicarnos con las comunidades y utilizar los satélites, o bien se permanecerá en el sitio de espectador marginado?

El vídeo y la televisión en las universidades

En qué áreas de las universidades se requieren estos medios y ¿cuál es su contribución al desarrollo de estas? Para contestar la interrogante, requerimos hacer una diferenciación clara entre lo que es un vídeo y lo que es la televisión. El primero (el vídeo) es un medio de producción de amplia flexibilidad y diversidad de costos. El segundo (la televisión) es un medio de transmisión que dados los reglamentos de telecomunicaciones se encuentra sujeto a lineamientos técnicos, económicos y de contenido.

En el caso del vídeo, su incorporación al que hacer universitario, cruza las funciones sustantivas de toda institución de Educación Superior Pública. En la Docencia, es una herramienta poderosa de apoyo didáctico cuyos alcances no han sido potenciados cabalmente. En la investigación, es un medio eficaz de registro experimental y un aliado insustituible en la labor de divulgación científica. En la Extensión Universitaria y Difusión Cultural, se presenta como un medio de grandes posibilidades expresivas y experimentales, ya que puede fusionarse con otras disciplinas del arte dando lugar a la videoliteratura, la videodanza, la videopintura, etc. De igual forma, se constituye como un nuevo foro para la difusión de la cultura en el amplio sentido de la palabra.

En el caso de la televisión, son aún más evidentes las posibilidades que representa para que una universidad pública pueda acrecentar el desempeño de sus funciones. Su amplia cobertura y alcance, ensanchan las fronteras del aula, del laboratorio y de los espacios de expresión artístico y cultural. En este contexto, el desarrollo de los medios que hemos mencionado junto con la radio y el trabajo editorial son prioritarios para transformar a las universidades públicas en centros privilegiados no son de transmisión de conocimientos y cultura; sino en el basamento contemporáneo eficaz en la promoción del desarrollo integral del ser humano.

El vídeo y la televisión en las diferente áreas de las universidades

Docencia

En este campo, la elaboración de materiales didácticos deja mucho que desear. Aquí es donde suelen verse los errores y atropellos videográficos más notables. Por ejemplo, es usual que todavía se piense que hacer vídeo didáctico es grabar diapositivas, gráficos y agregar música ambiental.

El vídeo didáctico requiere de una nueva inyección de formas expresivas. Si embargo, esto no es fácil, ya que la actual situación no sólo es producto de la falta de creatividad y de conocimientos de producción sino de las condiciones economicas imperantes. Un ejemplo claro es cuando un profesor se dedica por las mañanas atender a la población estudiantil, y luego pretende “inventar técnicas escénicas” par explicar una ecuación.

La ausencia de profesionalización en la producción del vídeo didáctico es que revierte sus bondades y por lo regular nos hace descubrir lo profundo del aburrimiento televisivo.

El desarrollo desigual del área televisiva y videográfica en las universidades públicas implica una serie de problemas complicados de resolver. Cuando una universidad tiene un centro pequeño de producción, generalmente las necesidades rebasan las posibilidades; cuando cuenta con varias entidades de producción, el problema es el apoyo equitativo la justa distribución de funciones entre ellos.

La autosuficiencia de materiales didácticos en las universidades no es más que una utopía bien planteada. La elección coordinada de uno o varios centros videográficos de consulta se convierte en una obligación de las autoridades universitarias, de esta manera es posible imaginar que las videotecas serán las bibliotecas del futuro: basta pensar en las similitudes que guarda el vídeo con el libro. El libro ofrece la posibilidad de ser gozado en forma individual, el vídeo nos reserva el mismo placer, hay quien regresa la página de una novela donde las palabras le resultan memorables, el vídeo también puede releerse varias veces y si un libro puede subrayar el vídeo nos permite guardar lo que nos interesa con el copiado o la edición simple. El copiar un vídeo es tan fácil como fotocopiar un libro. Por eso, es imperativo que los  centros de producción audiovisual de universidades se dediquen a fomentar la creación de las bibliotecas de la imagen de (videotecas).

En el caso de la Educación a Distancia, es una necesidad palpable el hacer uso de la tecnología videográfica y televisiva de satélite. Las teleconferencias son ya una realidad.

Para que las universidades públicas se incorporen a esta nueva forma de actualización curricular, se requiere promover la creación de videoaulas dotadas de la infraestructura necesaria, proyectores y pantallas, antenas parabólicas, teléfono y fax. Esta infraestructura que enumerada de esta forma puede parecer una utopía desde la perspectiva económica, es mucho más realizable si pensamos en la erogación que se hace cuando maestros, profesores, e investigadores asisten a eventos o seminarios fuera del país. Sin embargo, aún prevalecen la falta de estímulos y apoyo para el desarrollo de estas áreas, aún no hay un proceso que lleve a las universidades públicas a un punto de madurez en la producción videográfica. Una prueba tangible es la ausencia en los índices salariales de los puestos de guionista, director de cámaras, realizador, camarógrafo, editor, etc., para comprender que o bien existen en forma muy limitada o no existen totalmente.

Investigación

En este campo existe la necesidad de capacitar a los investigadores para usar el vídeo como una herramienta indispensable de trabajo, en el seguimiento de laboratorio o de campo. Para aquellos investigadores dedicados a estudiar la preservación de las áreas y recursos naturales, con el apoyo del vídeo registra circunstancias y fenómenos únicos  que les permiten avanzar significativamente en su trabajo.

Por otro lado, la labor de divulgación científica tiene un poderoso aliado en el vídeo y la televisión. Quien haya visto alguna vez los programas de Cousteau, la serie “Cosmos” de Cari Sagan, “Relaciones»” de James Burt y ”Nova” de Peter Yustinov, se dará cuenta de la importancia de este recurso tecnológico moderno. La producción de material de divulgación científica puede acortar la enorme distancia que existe entre el oscuro sujeto de nebulosa profesión (investigador) y la población estudiantil y la sociedad.

Esta  área  de  la  producción videográfica y televisiva cobra aún más relevancia si pensamos que el público potencial son los niños y jóvenes, quienes dedican más de 5 ó 6 horas diarias a ver televisión.

Sin embargo, la producción televisiva de carácter científico, no sólo sigue marginada en términos económicos sino también en la asignación de espacios televisivos. Las universidades requieren invertir más en divulgación científica a través de estos medios, deben apoyar la capacitación y formación profesional de dignos divulgadores, ya que, si en estos momentos la proporción de investigadores en la sociedad es bajo, el de profesionales dedicados a la divulgación especializada en medios, es aún más crítico

Vídeo y televisión en la extensión universitaria

 

En el campo de la extensión universitaria es quizá en donde se ve con mayor claridad el impacto que estos medios de comunicación tienen. Nunca se podrá comparar la audiencia presencial de una obra de teatro, un concierto, una mesa redonda, a la cantidad de potenciales espectadores de la radio y la televisión.

Un evento de difusión cultural se engrandece cuando cuenta con el apoyo de estos medios. De la misma forma sucede cuando el registro de las costumbres populares y tradiciones de la cultura urbana o rural cuenta con estos aliados tan poderosos siempre y cuando la creatividad y el ingenio salven de la clandestinidad a la televisión universitaria y no se caiga en la tentación de convertirse en malas copias de la comercial y privada.

En este sentido, el Estado debe apoyar la creación de videosalas y videotecas, así como promover el desarrollo de la producción experimental en diversos campos: el  documental y el de ficción, los cortometrajes, tener un nivel homogéneo en sus pautas de programación. Aunado a lo anterior se presenta el hecho de que se realizan producciones en forma improvisada y aburrida, de contenidos didácticos o de divulgación científica que no guardan una lógica coherente en su elaboración. Esta situación nos lleva a plantear la necesidad de la recuperación de espacios para que todo aquel que tenga un televisor pueda darse cuenta y participar del arte

La Universidad desarrolla así la herramienta más eficaz para la tarea educativa de nuestros tiempos, herramienta que bien puede entenderse como un arte, que va más allá de lo que nos permite la televisión comercial. Arte que debe entenderse no sólo en el contexto universitario sino también en las entidades dedicadas a la promoción de la educación y la cultura.

Se puede pensar que crear un medio de producción audiovisual es sólo una ilusión, sobre todo por los antecedentes de la televisión comercial que mutila cualquier obra. En ella, el arte de la imagen electrónica no cuenta con los espacios necesarios. Y a los espacios educativos se le asignan horarios bajos y de poca audiencia, con lo que se les descalifica de antemano.

Lo que necesitamos

 

A)   Formación de recursos humanos

 

La formación de recursos humanos especializados y el equipamiento mínimo son una tarea indispensable y prioritaria, fundamentalmente porque hablamos de recursos tecnológicos sofisticados.

Si se hiciera una encuesta entre los egresados de las ciencias de la comunicación, se detectaría sin temor a equivocarse que saben un poco de todo y menos de televisión y vídeo. Es por eso que se afirma que a las universidades, por medio de los centros de producción audiovisual, les toca sentar las bases para convertirse en centros de formación y capacitación continua de recursos humanos calificados.

B)    Financiamiento

El punto más difícil de tratar es sin duda el del financiamiento, ya que las herramientas y equipos de trabajo implican dólares; no suele comprarse un equipo de televisión y vídeo para usarse de vez en cuando, la experiencia y la carencia de recursos financieros demuestran que son los equipos mismos los que generan una fuente excelente de recursos, y hacen sanos los sistemas operativos de trabajo.

Las áreas de vídeo y televisión pueden ofrecer servicios que les permitan desarrollar su infraestructura sin menoscabo del presupuesto universitario. Es preciso que para ello se establezcan los mecanismos administrativos que le den fluidez, autonomía y libertad.  Debemos pensar que la rapidez de la producción, el profesionalismo y la adquisición de materiales de primera calidad y el mantenimiento adecuado de los equipos y su actualización son factores fundamentales para que el medio sea competitivo frente a las empresas comerciales que ofrecen servicios similares.

Las reflexiones anteriores no deben dar pauta para la ausencia de apoyos institucionales sino más bien para que se incrementen y se ubiquen en su dimensión correcta, de esto depende en muchas ocasiones que los organismos internacionales complementen la infraestructura básica o la amplíen y fortalezcan.

No hay que olvidar que la televisión y el vídeo universitarios aún son adolescentes y que los grupos independientes de producción (todos aquellos que producen por cuenta propia), pueden prestar un valioso apoyo e impulso a este arte.

Imaginémonos una universidad en la que se dicte una cátedra en su sede central extensiva a sus sedes regionales mediante el uso de las teleconferencias, y aún más si se organiza un seminario en que participen varias universidades y se haga simultáneo para todas. Las distintas poblaciones estudiantiles y docentes recibirían la misma información o conocimientos que en la actualidad sólo la Institución Educativa que la organiza recibe. Además de que con este curso la capacitación y actualización serán mucho más eficientes que en la actualidad.

Una última reflexión va encaminada a todos aquellos que intervienen en el proceso administrativo universitario para que asuman una actitud diferente, es decir ágil; la incongruencia que se vive hoy, hace imposible llevar acabo un buen número de acciones educativas y avanzar en el uso de los medios modernos de comunicación con fines educativos.

La televisión no sólo tiene enorme poder sino que define nuestra cultura, tanto si  somos creyentes o no, el medio de la televisión controla nuestro conocimiento y nuestras conversaciones, influye en nuestras ideas y sentimientos, tiraniza nuestro tiempo libre.

Vivimos en la cultura de la televisión-vídeo y así como el dogma religioso es reflejado en esculturas y pinturas, el dogma contemporáneo se refleja en la imagen televisiva, la imagen que nos manipula, que nos recrea una ilusión de la realidad, y es en más de un sentido comparable a las escenas bíblicas anónimas de los tiempos medievales.

En lo que a nuestra Universidad compete, es hora de actuar.

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