Frase

  • He visto las cosas enviadas al rey desde la nueva tierra del sol. En todos los días de mi vida, no he visto nada que regocije mi corazón tanto como estas cosas, pues en ellas vi obras de arte, que me hicieron asombrarme ante el sutil ingenio de los pueblos de esas tierras extrañas.

     

    Alberto Durero, 1520

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Suplemento 131

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Mildred Hernández:

¿mostrar una realidad es una denuncia?

 

 

 

Mildred Hernández es una escritora guatemalteca cuya novela Erótica en la ciudad fue publicada por la editorial costarricense Letra Maya y presentada en la pasada Feria Internacional del Libro de Costa Rica. En la Universidad Nacional, el Instituto de Estudios de la Mujer organizó una presentación. Aprovechando su estadía en Costa Rica, el Suplemento Cultural la entrevistó.

 

 

 

Entrevista de Rafael Cuevas Molina

 

Rafael Cuevas (RC): ¿Podríamos catalogar Erótica en la ciudad como un libro erótico?

 

Mildred Hernández (MH): Desde el punto de vista de lo que se considera una obra erótica como tal, el libro no lo es, pues no existe una “pulsión” en la trama que conduzca las escenas desde el no erotismo, por decirlo de alguna manera, hacia su culminación. Pienso en este sentido, solo por mencionarte un ejemplo, en el libro de Bataille, La madre, donde esa es claramente la intención que va perfilándose desde la primera hasta la última escena, en la que finalmente se logra dicha intencionalidad erótica, trasgresora. En Erótica en la ciudad, sin embargo, no se ve esa intención desde el inicio y quizás tampoco al final, si bien hay un buen número de escenas que pueden enmarcarse como textos eróticos, sobre todo cuando está terminando la primera parte. 

 

No obstante, en buena medida, —también he podido comprobarlo según lo expresado por algunos lectores—, todo depende de qué concepción tenga el o la lectora sobre el erotismo. Para algunos, estas escenas se dan casi en toda la obra, según me han comentado.

 

RC: Erótica es una novela hecha de fragmentos, de momentos, de escenas dispersas. Por esta razón, ¿podríamos decir que responde a una estética literaria posmoderna?

 

MH: En el sentido que lo planteás, sí, por cierto. Sin embargo, la estructura no fue una cuestión premeditada para “encajar” en la estética posmoderna como tal, sino el resultado de cómo era necesario presentar esos instantes, breves y precisos, de la vida del personaje. Interesante, también, cómo la estructura del libro ha generado una diversidad de clasificaciones. Por ejemplo, la editora y en Costa Rica lo han catalogado como novela. Para la mayoría de comentaristas en mi país, es visto como un libro de microficciones, y en la librería Sophos, una de las más grandes de Guatemala, lo colocaron a la venta en el área de ensayos. 

 

RC: ¿Tiene tu libro alguna pretensión de denuncia?

 

MH: La intención inicial al escribir la obra fue mostrar una realidad. Me pregunto, ¿mostrar una realidad es hacer una denuncia? En todo caso, depende de la realidad que se muestre, depende del contexto en que se evidencie. En este sentido, entonces, mostrar esta realidad en torno a cómo se vive la sexualidad femenina en las capas medias de nuestras sociedades centroamericanas parece ser, también, una forma de denuncia.

 

No obstante, la obra no toma partido. Solo plantea los hechos tal cual se dan sin que el narrador intervenga dando su punto de vista. Los textos en sí, al mostrar cómo el personaje “Erótica” se desarrolla en el seno de una sociedad patriarcal, en la cual no tiene autonomía y sus propias experiencias vitales y su idea de placer erótico se van conformando de acuerdo a la visión de “los otros”, especialmente hombres de su entorno, es una denuncia de cómo se dan las relaciones de género en estos lugares. 

 

Finalmente, será el o la lectora a quien corresponderá, en todo caso, darle un valor a dicho contenido, que percibirá de acuerdo a sus propias vivencias. De hecho, sobre todo algunas lectoras me han comentado cómo al leer estos textos saben que su experiencia en torno al placer o no erótico no es única, sino compartida por otras mujeres, y ello les da una especie de consuelo, de acompañamiento, de sentir que no están solas ante ciertas experiencias no tan agradables, por ejemplo.

 

RC: Me gustaría saber cómo ha sido la recepción de tu novela en Guatemala, tanto de la crítica como del público.

 

MH: Salvo algunas excepciones de autores reconocidos internacionalmente, la recepción de libros en Guatemala es un fenómeno casi inexistente. Visto desde esta perspectiva realista, entonces, la recepción del libro ha sido buena. En las dos presentaciones que se llevaron a cabo en el mes de julio, tanto en el centro cultural Casa Cervantes como en FILGUA, las salas se llenaron y se vendieron algunos libros. Los comentarios vertidos por quienes presentaron la obra (escritores de entre los 30 y 40 años) han hecho una crítica elogiosa, situando el libro como un aporte importante dentro de la literatura guatemalteca, pues cuestiona los roles tradicionales de mujeres y hombres, cuestiona una realidad evidente y, además, está bien escrito.

 

Entre el público las reacciones han sido diversas. Tal vez algunas anécdotas ilustren cómo aún es visto el tema de la sexualidad en estas sociedades. Por ejemplo, supe que en casa de una amiga de infancia hubo una reunión familiar para comentar solo el título de mi libro “porque a saber qué había yo escrito”. Fue tema de discusión entre padres e hijos ya jóvenes universitarios. El libro, por supuesto, no ha sido leído aún. En otro momento, un periodista me dijo que si eliminaba los dos primeros relatos, me podría hacer una reseña. 

 

Una amiga feminista, Ana Silvia Monzón, me contó que recientemente utilizó algunos textos de Erótica para mostrar los distintos aspectos de la invisibilización y violencia contra las mujeres que se dan en Guatemala, en un taller que dio a personal que labora en el área de derechos humanos, y que la experiencia fue altamente satisfactoria. Con ello empieza a darse forma, de hecho, la recomendación que en este sentido dio la escritora guatemalteca Denise Phe-Funchal en su presentación del libro en Filgua, cuando sugirió —y más o menos parafraseo sus palabras— que Erótica en la ciudad debería ser un texto de lectura obligatoria en las escuelas y universidades para comprender cómo se configura la sexualidad de las mujeres en Guatemala. 

 

En cuanto a los medios escritos, no han registrado ni siquiera la presentación, no sé si por el tema u otras circunstancias. Sin embargo, me han realizado entrevistas en algunos programas radiales, lo que agradezco enormemente. Pese a la invisibilización a la que usualmente estamos sometidas las mujeres y nuestras obras, como diría Galileo y lo repito refiriéndome al libro, “sin embargo se mueve”.

 

RC: Habiendo presentado tu novela en la Feria Internacional del Libro de Costa Rica 2018, ¿ves alguna diferencia en su recepción en Guatemala y Costa Rica?

 

MH: Sí, encontré algunas similitudes y diferencias. Entre las primeras, te comento que en ambas presentaciones la sala se llenó (en Guatemala nos asignaron la más grande de la feria), el público se mostró interesado y participó de manera activa. Se vendieron algunos libros, los comentarios fueron positivos.

 

En Costa Rica cambió un poco la modalidad, pues la presentadora María del Mar Obando, además de leer algunos textos, me hizo algunas preguntas con respecto al libro, que yo iba respondiendo. Luego, el público participó, y conté con parte del mismo (un grupo de estudiantes de la UNA, de Los Chiles), que ya habían leído la obra. Esta situación le dio un giro novedoso y sorprendente a la presentación. Sucedió que estos lectores iban con la expectativa de conocerme, de que les autografiara el libro, de tomarse algunas fotografías conmigo. Así, mientras en Guatemala la presentación fue la que tradicionalmente se hace previa a la lectura, si bien también hubo mucho interés y firmas, en la presentación en Costa Rica conté, además, con comentarios sobre la obra, con el agradecimiento del público por abordar estos temas, en tanto se sintieron conmovidas por el libro.

 

RC: ¿Hay alguna razón especial por la que te interese especialmente el tema de la sexualidad femenina?

 

MH: Como mujer lectora y sensible en una sociedad misógina y eminentemente machista, desde joven me ha interesado tratar de encontrar los mecanismos por los cuales puede generarse una manera distinta de percibir a las mujeres en la sociedad en que me desenvuelvo. Hace 20 años, en 1998, publiqué un híbrido entre poesía y narrativa sobre este tema, Diario de cuerpos. Como suele suceder, no pasó nada más que la alegría de publicar. 

 

En Guatemala, hablar libremente del placer sexual femenino eventualmente es posible entre grupos de amigas, excepcionalmente con algunos hombres, pero no en otros ámbitos. La información sobre la sexualidad queda restringida, en la escuela, a una información biológica, parcializada, estigmatizada, en donde sigue modelándose la mentalidad de la mayoría de hombres y mujeres según los cánones tradicionales de la religión y las instituciones tradicionales del Estado. En este sentido, estamos tan atrasados que ni siquiera se ha aprobado la ley de educación sexual integral y, hace menos de un mes, hubo una manifestación multitudinaria para protestar contra el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo, paradójicamente, cuando ninguna de estas leyes está, pero ni por asomo, en la agenda del Legislativo. Entonces, abordar estos temas, puede decirse, ha sido y es una constante en mis obras.

 

RC: ¿Cómo te ha parecido la experiencia de publicar en una editorial costarricense?

 

MH: Mis libros anteriores fueron publicados en Guatemala y, salvo la presentación inicial y esporádicas actividades, no pasó nada más. Sin embargo, en el poco tiempo que ha pasado desde que se publicó el libro en la editorial Letra Maya, a cargo de Emilia Fallas, reconozco que fue una excelente decisión. Por un lado, en Guatemala me da el soporte de una editorial extranjera, y por otro, el libro tiene posibilidades de mayor difusión, tal como ha sucedido hasta la fecha.

Además, debo decirte que me siento muy satisfecha porque el libro está editado de una manera profesional, están cuidados cada uno de los detalles, la portada es sugerente y llamativa. Todo está bien hecho, así que estoy más que contenta.

 

RC: ¿Estás trabajando en alguna nueva novela? ¿Qué nos podés avanzar de lo que estás escribiendo?

 

MH: Sí. De hecho, el libro Erótica en la ciudad surgió mientras estaba escribiendo otro, que dejé más o menos en un sesenta por ciento, y que ahora retomé. Es una novela que gira en torno a la violencia que viven las mujeres en Guatemala, cómo la sociedad las ve, cómo se ven ellas a sí mismas, cómo funciona el sistema en cada uno de sus aspectos. Espero terminarla pronto, tal vez para el inicio del próximo año.

 

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