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Deslindes: Derechos digitales y libertad de expresión. COLUMNA DE ADRIANO CORRALES ARIAS

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Derechos digitales y libertad de expresión

Deslindes / Columna de Adriano Corrales Arias

 

Internet parecía ser un sitio idóneo para el ejercicio de la libertad de expresión, dado que nos permite informarnos sobre todo aquello que nos interesa, así como manifestar nuestras opiniones de diversa manera. Lamentablemente, no es así: la red es incómoda para el poder político, ciertas figuras públicas, empresas transnacionales y los titulares de derechos de autor, esos que se cuentan entre los principales interesados en restringir la libre expresión. Es claro: el derecho a expresarnos sin censura previa es fundamental para cualquier proceso democrático.

 

El concepto “derechos digitales” refiere a los permisos de las personas para realizar acciones legítimas con el uso de una computadora y todo tipo de dispositivo electrónico, o una red de comunicaciones, tanto en el nivel local como en el internacional. El término posee una estrecha relación con la protección y el cumplimiento de derechos existentes, tales como el derecho a la privacidad, la libertad de expresión, la libertad de información, la libre asociación y, por supuesto, el derecho a la investigación.

 

La Organización Computer Professionals for Social Responsibility postula los siguientes principios para la red: conecta mundialmente; debe ser abierta y estar al alcance de todos; los usuarios tienen el derecho a comunicarse y a la privacidad; las personas somos las administradoras de la red, no sus propietarios; la administración de la red debe ser abierta e inclusiva y debe reflejar la diversidad humana, no tratar de homogenizarla o masificarla. (Warkentin, Gabriela. Derecho de la Información. Ecuador 2003. Pág. 74.).

 

A partir de una conversación con un grupo de estudiantes acerca de la realización de un evento denominado PRIVAFEST, en el Centro Académico de San José del ITCR, donde laboro, caí en la cuenta de la necesidad de conocer y reflexionar sobre de los derechos humanos en la red. Dicho evento, dirigido a comunicadores y a una gama importante de profesionales, académicos y público en general, incluidos nuestros estudiantes, intenta, justamente, dialogar y desarrollar conciencia sobre los derechos digitales como medios de defensa de la libertad de expresión: defender la privacidad ante la omnívora presencia de la red en nuestras esquinas más personales e íntimas.

 

Me enteré, además, de que en el Tecnológico de Costa Rica se ha cerrado una red privada denominadaTOR(The Onion Router), que utilizan personas en riesgo, tanto por razones políticas como por su activismo en cuanto a derechos religiosos, sexuales, sindicales, de género, etc. En países como China, Japón, Rusia o algunos de orientación musulmana, pueden desaparacerte o eliminarte por expresar una opinión al respecto. Para no ir muy lejos, en México y Colombia hay persecución y desaparición de personas que utilizan la red para expresar su disconformidad con el estado de cosas o por comunicarse con asociados y compañeros.

 

En Costa Rica, afortunadamente, no padecemos un régimen totalitario que impida la libre expresión y circulación de ideas. Sin embargo, a juzgar por lo que sucede en el ITCR, parece ser que en nuestras universidades se han cerrado herramientas que permiten a personas perseguidas expresarse y comunicarse sin el peligro de ser reprimidas o asesinadas por los regímenes de sus países. Es el caso, por ejemplo, de lariseup.net, página de servicios alternativos para activistas y para realizar investigación en la red sin ser “espiado” o perseguido, cerrada en el ITCR también. Al parecer, algunos de nuestros estudiantes tienen su correo electrónico en TOR y no pueden utilizarlo en la red interna.

 

También sé que la administración universitaria (el DATIC, para el caso del ITCR), con justa razón, alega problemas de ancho de banda y de piratería, además de otros riesgos que todos conocemos (consumo de pornografía, por ejemplo), los cuales se ciernen al interior de la red y de su utilización para fines contrarios a los académicos o de la convivencia pacífica. Tengo claro, eso sí, que la discusión no estriba en cuanto al uso de las herramientas, sino sobre la libertad de acceder a ellas con responsabilidad en un medio universitario. Si el martillo es una potencial arma homicida, no por eso se debe suprimir en los talleres y en algunas unidades universitarias.

 

 

Al momento de escritura de esta column, se desconoce si el evento PRIVAFEST se llevó a cabo o no, puesto que precisaba de las herramientas informáticas anotadas arriba. Si no se pudo realiza, fue más que dañino para el ITCR el hecho de que, por razones de obstrucción digital, no se pudiese celebrar un evento académico de esa índole. Queda en entredicho la libre expresión al interior de nuestras universidades.

 

Es de suma importancia incentivar la discusión al respecto para coadyuvar la concientización de la comunidad institucional y nacional sobre una problemática que, como se ve, es de suyo compleja y profunda. Esta debería llevarse a otros planos como el de la utilización del software libre y el pago de licencias a empresas transnacionales, de cara a la recolonización tecnológica en nuestros centros de saber. Es decir, se trata de descolonizar en términos cibernéticos y tecnológicos en general.

 

 

Pienso que tanto docentes como estudiantes y ciudadanos debemos pronunciarnos al respecto y organizarnos para solicitar a las autoridades competentes que se pudieran abrir esas herramientas de la red, idóneas para personas y servicios referidos a los derechos humanos, uno de los componentes centrales de la vida universitaria. De paso, es preciso urgir hacia la investigación para la búsqueda de herramientas propias que posibiliten un mayor margen de soberanía epistemológica en cuanto al uso de la ciencia y la tecnología.

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