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Crepúsculo: Treinta ingenieros. COLUMNA DE FELIPE OVARES.

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Treinta ingenieros

 

Crepúsculo / Columna de Felipe Ovares

 

1

 

Hace unos días, un estimable colega me envió un correo para solicitarme una ayuda. El brevísimo texto era así: “Estamos ocupando treinta ingenieros”. Hice lo que usualmente hago cuando me llega alguna solicitud de este tipo, les envié un correo a unos ciento veinte estudiantes que supongo ya habrán finalizado el bachillerato en Informática o estarán muy próximos a graduarse. Todos estuvieron en alguno de mis cursos. Para muchos de ellos esta puede ser una buena noticia, especialmente para aquellos que están buscando trabajo o para quienes buscan nuevos aires. Ignoro en que habrá parado el asunto. No he tenido la curiosidad de consultarle a mi colega acerca del resultado de mi convocatoria. Puedo, eso sí, agregar que tan solo un muchacho tuvo la cortesía de agradecerme el trámite.

 

La búsqueda de ingenieros en Informática es muy alta en nuestro país. Es un conocimiento que se paga bien. La escuela de Informática, es por mucho, una de las que más estudiantes gradúa en la Universidad Nacional. Quizá es la que ostente el primer lugar. Y también -puedo agregar-, casi el cien por ciento de los estudiantes graduados tienen trabajo; incluso, un porcentaje importante de los que aun no tienen el título disfrutan de un puesto laboral.

 

 

En el segundo semestre de 2016, cerca de doce empresas realizaron una feria de empleo en la Escuela, había gran ansiedad por llevarse a los estudiantes. Un profesor de otra escuela de la Universidad que ese día se encontraba por ahí me dijo: “Esto no sucederá jamás con nuestros estudiantes. Ustedes son privilegiados”. Le di la razón. Y parafraseé con dos palabras su admiración: “Somos privilegiados”.

 

 

Esa gran demanda de nuestros estudiantes nos podría llevar a la conclusión de que hacemos un gran trabajo. Sin embargo, lo conveniente sería preguntarnos si estamos haciendo bien el trabajo y si la carrera de Informática está a la altura de las necesidades de las empresas. Mi respuesta es un rotundo NO. La tecnología va muy rápido. Ni la Universidad, ni la Escuela van al ritmo que se exige para ir a la misma velocidad. El entramado burocrático traba los procesos de ajuste necesarios para estar al día. La escuela de Informática requiere una renovación radical en sus programas de estudio. Tenemos cursos innecesarios y se requieren cursos nuevos que son fundamentales para que nuestros estudiantes tengan una preparación de primer nivel. Es urgente replantearse el bachillerato y eliminar las licenciaturas que cada día tienen menos estudiantes. En su lugar, deberíamos considerar dos o tres maestrías en temas afines con las necesidades de los principales empleadores. Existe la urgencia pero hacerla es lenta, o demasiado lenta. Se gasta una infinidad de tiempo en acreditaciones y reacreditaciones que no benefician realmente a casi nadie, excepto, por supuesto, a quiénes cobran por evaluarnos. Estos largos y lentos trámites aumentan considerablemente la burocracia. Tuve la curiosidad de recorrer todos los stands de la feria de empleo consultando a los encargados de la “reclutación” si para la empresa era importante que la carrera estuviera “acreditada”. Para la mayoría era algo así como un “plus” innecesario o algo que ignoraban. Luego les consulté acerca de la preparación de nuestros estudiantes. La mayoría respondieron algo similar: “son buenos, aprenden rápido, escriben muy mal, padecen de miedo escénico. Generalmente requieren capacitación para incorporarlos en los roles de trabajo”.

 

 

 

2

 

En Estados Unidos y algunos países del primer mundo se están impulsando propuestas para que todos los estudiantes aprendan a programar. En estos tiempos saber algún lenguaje de programación es tan importante como saber leer. La mayoría de los trabajos relacionados con tecnologías requieren personas que sepan programar. La idea en esos países es que la programación se inicie desde edades tempranas. La programación mediante sentencias de código es un tema duro, difícil de digerir, sin embargo, se puede introducir mediante la robótica. Tenemos la experiencia en la Universidad de que la robótica apasiona a los niños y aprenden fácilmente a “jugar” con los robots. El salto de “jugar” con robots a programar es más suave. Algunas escuelas primarias en Costa Rica están introduciendo cursos de robótica. Es muy probable que esos niños sean los futuros ingenieros. Ojalá que algún día reciba un correo con el brevísimo texto “estamos ocupando trescientos ingenieros”. Para satisfacer esa demanda es urgente hacer algunos ajustes en los programas de la Escuela y de la Universidad.

 

 

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