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Daniel Matul: el arte puede ayudar a transformar las políticas públicas

 

Coordinador del proyecto del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA) Una pedagogía para el encuentro. Derechos Humanos, educación transformadora y literatura en el Centro de Atención Institucional La Reforma, Daniel Matul nos comenta sobre las búsquedas y los alcances de un proyecto que ya ha dado resultados tangibles y loables en la Universidad Nacional.

 

 

Entrevista de Rafael Cuevas Molina

 

Rafael Cuevas (RC): Daniel, tenés un proyecto de extensión en la Universidad Nacional con las cárceles del país en donde privados de libertad hacen poesía. ¿Qué persigue este proyecto?

 

Daniel Matul (DM): El proyecto, que ahora está adscrito a la Universidad Nacional, pero empezó siendo una actividad completamente voluntaria de Daniel Matul, no necesariamente nació con la idea de que se escribiera poesía, ni es un taller para eso. Desde un principio yo lo diseñé pensando que fuera un laboratorio. A un taller se lleva algo para reparar, a un laboratorio las personas llegan a crear. Entonces, era un laboratorio para despertar la creatividad en las personas, laboratorio que antes de empezar en la cárcel ya lo habíamos trabajado en la Earth y con el sistema de bibliotecas de Turrialba, trabajando la idea de que la gente pudiera ser más creativa en su trabajo. En la cárcel empezamos igual: no se pensó en un taller de literatura ni de poesía, sino en un laboratorio para despertar la creatividad de las personas privadas de libertad, y que esas personas plasmaran esa creatividad en un texto escrito que, en este caso, es poesía.

 

Luego de estar trabajando en la cárcel, y darme cuenta de lo que ella significa para una persona, y también de lo que significa la cárcel para la sociedad, decidí cambiar. Ya no es solamente un proceso en el que la gente despierta su creatividad, sino que también es un proceso en el que tiene la posibilidad de escribir una nueva historia de vida.

 

RC: Digamos que ¿puede imaginarse una vida distinta?

 

DM: Sí, imaginarse una vida distinta. Yo a veces digo que el laboratorio es una máquina del tiempo, que cada lunes que nos encontramos viajamos al futuro y escribimos un futuro distinto, luego regresamos al presente y lo empezamos a construir dentro de la cárcel, y para eso hemos involucrado no solo a las personas privadas de libertad sino que hemos involucrado a sus familias, y hemos involucrado a una parte de la sociedad y, poco a poco, vamos a ir creciendo e involucrando a otros sectores de la sociedad, pero hemos ido incorporando ese diálogo: ellos con ellos, ellos con sus familias, ellos con la sociedad. Y a eso agregado el componente pedagógico, el componente educativo, le hemos llamado un proceso de educación transformadora por medio del arte. Y ese es el proyecto que estamos trabajando con la Universidad Nacional, que es crear una pedagogía, o un mecanismo de educación que transforme por medio del arte, así le hemos llamado una pedagogía del reencuentro porque se reencuentran con ellos mismos. Ellos se preguntan “¿Quién soy yo? ¿Soy un delincuente que cometió un delito o soy un escritor que quiere empezar a escribir una vida distinta?” Se trata de un diálogo con ellos mismos a través de los ejercicios que hacen, de los mismos textos que ellos escriben con los que se cuestionan qué son y qué quieren ser. Empiezan a cuestionar toda su antigua vida y empiezan a buscar otras posibilidades de vida.

 

RC: Podríamos decir que el arte, y en este caso específico la literatura, es solamente un medio, y que, por lo tanto, no se pretende que salgan siendo escritores, sino que se replanteen su vida

 

DM: Exactamente, sí: la literatura como un medio para transformar.

 

RC: ¿Y cómo llegaste a la cárcel?

 

DM: Llegué a la cárcel porque cada año en este país se celebra el Día Nacional de la Poesía en ocasión del nacimiento de Jorge Debravo, y se hacen lecturas en muchas partes del país, en hospitales, escuelas, cárceles, y yo fui a una cárcel que en ese momento se llamaba La Reforma, y que ahora se llama Jorge Arturo Montero Castro, y leímos ante un grupo como de trescientas personas. Después de esa lectura, una grupo pequeño como de unas treinta, cuarenta personas le pidieron a la sicóloga de la cárcel que, por favor, volviera a invitar a las y los poetas que fuimos ese día y que tuviéramos una sesión en un aula, así que nos volvieron a invitar y fuimos. Ese día trabajamos con ellos, estuvimos compartiendo y, al final de la sesión, la sicóloga nos preguntó si alguno de los escritores y las escritoras que habían ido a la sesión podíamos trabajar con ellos, y entonces yo les dije que yo solo podía los lunes en la mañana, y entonces así fue como empezamos. Con la sicóloga, que se llama Kemly Garza, quien ahora es la directora del Centro de Adaptación Juvenil, convinimos desde el principio que no se trataba de un taller sino de un laboratorio. Así es como ahora en julio del 2018 cumplimos dos años de estar haciéndolo y, aunque pueda sonar pretencioso, no hemos repetido ninguna actividad cada lunes.

 

RC: ¿Podrías darnos algunos ejemplos de estas actividades?

 

DM: Como medio para despertar la creatividad no solamente usamos la lectura sino también la música, la danza, el teatro, la pintura, nos vendamos los ojos. Una de las actividades que más me ha gustado porque despertó cosas de la infancia de los muchachos fue elevar barriletes en la cancha de futbol. Yo les dije “sientan la experiencia de volar el barrilete”, y los que ya tenían más experiencia ayudaban a los que nunca lo habían volado y pasamos toda la mañana en esas. Hacemos ejercicios, por ejemplo: sentir la tensión del hilo que une la mano con el barrilete, que pudieran sentir el vuelo del barrilete y que, además, si podían, que hicieran un viaje al pasado recordando su infancia. Luego, de toda esa instrumentación y esa guía, cerramos el ejercicio, volvimos y escribimos. Así son todos los ejercicios. A veces nos vendamos lo ojos para desarrollar más la capacidad de escucha y entonces yo les hago varias entrevistas. Por ejemplo, una entrevista para la lluvia, si tuviéramos que ponerle un nombre a la lluvia, ¿cómo le pondríamos? Así empiezan las entrevistas. ¿Cuál es el recuerdo más lejano que tienen de la lluvia?, etcétera, y así la gente va haciendo preguntas sobre la lluvia y las personas van anotando las respuestas; con base en ellas la persona debe orientar el texto. Así tenemos varios ejercicios.

 

RC: Y esos ejercicios ¿son de tu propio peculio o hacés alguna labor de investigación?

 

DM: Bueno, en un principio empezamos a trabajar haciendo investigaciones tratando de recuperar experiencias de actividades creativas. En pintura hay mucho, así que me base mucho en esas experiencias y ahora, con ese sedimento teórico, voy imaginando las actividades creativas que luego estructuro temporalmente, los pasos metodológicos y todo el resto. La idea es que al final de toda esta experiencia tengamos sistematizado no solamente esta experiencia sino toda una propuesta pedagógica. Ese es el compromiso que tenemos con la universidad.

 

RC: ¿Has ido sistematizando en el camino, o es posterior?

 

DM: Sí, comencé a sistematizar desde el puro inicio. Esto es muy curioso porque nunca antes en la cárcel habían permitido que se expusiera al público lo que se hace dentro de ella. Sin embargo, nosotros tenemos un Facebook que se llama Semillas de una gran cosecha, y ahí ponemos no solamente las fotografías que tenemos sino que, como se puede observar si se entra al sitio, es un sitio tomado por los familiares en donde les mandan mensajes amor, de ternura, de fortaleza, de ánimo. Es una forma de acercarnos a las personas que están tratando de cambiar su pasado y hacer un futuro distinto.

 

El sitio también me dio la oportunidad de poner, desde el primer día, cómo hacemos los ejercicios. Entonces ahí está desde el primero hasta el último ejercicio que hemos hecho

 

RC: ¿Las facultades de educación están enteradas, han tenido algún interés?

 

DM: Formalmente, dentro de la universidad el proyecto inició este año, aunque desde el año pasado habíamos tenido apoyo. La facultad de educación en la UNA está enterada tangencialmente por las actividades que hemos hecho. Por ejemplo, el año pasado tuvimos el Primer Foro Escribir en la Cárcel, y la mayor parte del público que llegó fue de las escuelas de educación. Este año queremos hacer el segundo foro en octubre y, quizás ahí, con un poco más de tiempo podamos contar con mayor participación. Para ello no hemos reunido con la Facultad de Filosofía y Letras, con la de Ciencias Sociales, con el Centro de Estudios Generales y con la Escuela de Música para compartir la experiencia y trabajar de forma conjunta.

 

Yo empiezo la experiencia en el 2016, y en el 2017 me doy cuenta que el conjunto de universidades públicas, el CONARE, le dedica el año a un tema que fue Por la vida el diálogo y la paz que tiene, en el subsuelo, el tema de los derechos humanos, así que empecé a tocar puertas hasta que logré una cita con el rector, Alberto Salom, a quien le propuse tres actividades: realizar una lectura pública con los muchachos, el Primer Foro Nacional Escribir en la Cárcel y la publicación de un libro. Al rector le gusta la propuesta y decide apoyarla. Realizamos el Primer Foro, la lectura pública, y la publicación terminó siendo la grabación de un disco que se llama Almas en vuelo. Cuando el rector me da el visto bueno me dice que hable con la vicerrectoría de docencia, la cual me conecta con la Escuela de Música en la cual se encarga a Carlomagno Araya para que produzca el disco. En el disco, originalmente solo eran diez temas pero terminaron siendo diecinueve. Era prácticamente todo el grupo que estaba en ese momento, que eran quince, más cuatro mujeres del Vilma Curling, que anteriormente se llamaba El Buen pastor. Decidimos, además, que se hicieran canciones, y Carlomagno Araya logró contactar y conjuntar a cuatro generaciones de músicos, desde los más experimentados hasta los que están empezando: incluso se nos quedaron cantautores y cantautoras por fuera, personas que nos llamaban y nos decían “nos enteramos, queremos participar”, pero ya no se podía. El disco se presentó a finales del año pasado en un concierto en la Universidad Nacional.

 

RC: ¿Y cómo congeniás eso con tu formación profesional?

 

DM: La formación profesional aporta en dos cosas: una en el proceso de investigación, porque vamos a desarrollar tres investigaciones en la cárcel para que aporten como sustento teórico no solamente al trabajo que estamos haciendo, sino también en la construcción del proceso educativo. Entonces, vamos a hacer tres investigaciones, una sobre la relación entre hacinamiento y transformación que busca detectar cuánto puede cambiar una persona hacinada; dos, las relaciones de poder dentro de la cárcel, es decir, cuánto las relacione de poder dentro de la cárcel afectan las posibilidades de transformación de una persona, y por último las apuesta pedagógicas; en este sentido vamos a estudiar desde lo que hace el Ministerio de Educación Pública hasta las opciones de voluntariado, pasando por las universidades. Sobre estas tres investigaciones, haremos la propuesta.

 

RC: ¿Quién va a hacer las investigaciones?

 

DM: El que está a cargo del proyecto soy yo, solo que tengo a cargo no solamente el laboratorio semanal sino las investigaciones. Tengo el apoyo de cuatro personas, Emanuel Calvo Canosa, que es escritor; Francisco Mata, que es escritor; una estudiante avanzada de derecho que tiene interés en derecho penal, que se llama Mónica Rojas; y una estudiante de música y de educación que se llama Katherine Devalle, además de un universo de estudiantes que ayudan en la aplicación de los instrumentos. Estamos terminando una primera fase, que trata el sustento teórico de la relación entre encierro y transformación, y sobre eso, construir un instrumento que luego se aplique en la cárcel en octubre o noviembre del 2018, para en enero ya presentar un artículo académico.

 

RC: ¿Qué perspectiva le ves a todo esto hacia el futuro?

 

Cuando yo empecé, mi trayectoria profesional me había llevado a trabajar durante muchos años la relación entre prevención y delito, prevención del delito, prevención de la violencia con comunidades, con organizaciones, con gobiernos locales, pero nunca había trabajado con personas que ya están en conflicto con la ley, o que están cumpliendo una sentencia. Dentro de la cárcel. El mundo de la cárcel era desconocido para mí. Ahora que lo he descubierto me he dado cuenta que hay un universo poco explorado, poco trabajado con seriedad. Mucha gente va a la cárcel, desarrolla los talleres y listo. Pongo un ejemplo: yo le pregunto a las personas que les enseñan a hacer mesas o sillas, y yo les pregunto cómo trabajan la relación de la persona privada de libertad, cuando están haciendo la mesa, con su familia y la sociedad, y las personas me dicen que ellas no trabajan eso, que ellas solamente les enseñan que la mesa esté bien hecha, tenga un diseño bonito y se pueda vender en el mercado. Mi conclusión es esta: el trabajo es fundamental, pero si no les enseñamos paralelo a eso cómo convivir otra vez con la sociedad, cómo encontrar mecanismos distintos de relacionarse, de solucionar sus problemas, de convivir con la sociedad, vamos a seguir teniendo el mismo problema. Pienso que son acciones complementarias, por lo que veo a futuro un enorme espacio de trabajo y de innovación en política pública. Y veo también la posibilidad de que la política pública empiece a sensibilizarse, sobre todo por esto: cuando Platón imaginó la ciudad ideal, expulsó a los poetas, porque dijo que no había peor amenaza a la razón que eso de trabajar con los sentimientos y el alma. Las ciencias sociales y la política pública expulsaron al arte de la construcción de esas alternativas de transformación, de posibilidades de que el arte pueda aportar a la política pública, y quizás esta experiencia pueda demostrar que el arte también puede ser incorporado en una política pública, y que puede tener resultados.

 

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